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El futuro de Europa ante la encrucijada del comercio mundial

Europa es la primera potencia comercial en el mundo y la segunda en cuanto a volumen de exportaciones, por lo que una parte relevante de su economía depende directamente de los flujos comerciales establecidos con terceros países. Tanto es así que uno de cada siete empleos en Europa depende directamente de las expediciones comerciales enviadas al exterior.

El futuro de Europa ante la encrucijada del comercio mundial

La contribución que ha tenido el comercio internacional sobre el crecimiento económico europeo ha sido enorme a lo largo de las últimas décadas y se espera que siga teniendo el mismo efecto, en base a la estimación de que más del 90% del crecimiento económico global se produzca fuera del continente europeo en los próximos años. Es por ello que muchos de los puertos europeos se encuentran entre los más importantes del mundo en cuanto a tráfico de mercancías.

La progresiva implantación de las cadenas de valor a nivel mundial ha motivado una mayor apertura comercial en la totalidad de los países europeos, aparte de las entregas intracomunitarias que representan un alto porcentaje de las ventas más allá de sus fronteras, entre el 60 y el 80% dependiendo de los países. El avanzado estado de la globalización ha llevado a la Unión Europea a ser el mayor inversor en el mundo (en torno al 45% del total) y el principal destino de las Inversiones Extranjeras Directas (casi un tercio del total mundial), tras recibir en el año 2016 unas entradas por encima del medio billón de dólares igualando el registro contabilizado antes de la crisis financiera. El comercio global ha tenido un efecto multiplicador en el desarrollo económico de Europa desde el momento que los productos y servicios europeos han sido capaces de competir en los mercados globales.

Las pymes europeas, apoyándose en las nuevas tecnologías, han conseguido acceder tanto a clientes como a proveedores de todo el mundo, consiguiendo ampliar su horizonte de mercado más allá del doméstico. Se estima que más del 80% de las firmas europeas que exportan fuera de la Unión Europea son pequeñas y medianas empresas y, gracias a esa mayor apertura comercial, han conseguido desarrollar internamente sus procesos innovadores y ser más eficientes en base a un mejor acceso a los recursos, pudiendo alcanzar una ventaja comparativa frente a sus competidores.

RIESGO DE CATARSIS

Para la Unión Europea es esencial el suministro de materias primas y de energía procedente del exterior para poder desarrollar con normalidad sus procesos productivos, fenómeno que se ha agudizado tras el intenso desarrollo que se ha producido en las cadenas de valor a nivel global como consecuencia de la mejora en la eficiencia de la logística y el transporte. Es por ello que ciertas medidas proteccionistas puestas en marcha en los últimos tiempos por EE.UU. podrían provocar una profunda catarsis en el entramado productivo mundial, afectando especialmente a los espacios económicos más abiertos al comercio exterior como Europa.

La puesta en marcha de los tratados de libre comercio ha posibilitado el desarrollo de la economía europea a través de una ambiciosa agenda bilateral teniendo un impacto significativo tanto a nivel comercial como inversor. Esto ha posibilitado el fortalecimiento del sistema multilateral del comercio mundial, centralizado en la Organización Mundial del Comercio que ha sido el principal catalizador de la globalización del comercio.

Un ejemplo de éxito de intercambio comercial es el que se produjo con Corea del Sur, tras formalizar la Unión Europea un tratado de libre comercio con el país asiático en el año 2011. Tras la eliminación de un buen número de aranceles, las exportaciones europeas al país asiático se incrementaron en un 35% en el tercer año de implementación del tratado, frente al 14% de aumento que experimentaron las exportaciones del viejo continente al resto del mundo en ese mismo período. Según un estudio elaborado por la Comisión Europea, concretamente por la Comisaria de Comercio, se estima que el Tratado facilitó que se produjese un incremento de las exportaciones por valor de 3.700 millones de € durante ese mismo período.

En pleno escenario de confrontación en el contexto internacional, la liberalización del tráfico comercial corre peligro de verse coartado ante los desequilibrios que se están produciendo entre los diferentes bloques económicos. El enorme déficit exterior de EE.UU. está empujando a la mayor potencia económica del mundo a modificar las reglas que hasta hace poco imperaban en el comercio mundial. La aparición de pensamientos nacionalistas, frente al enfoque liberal que ha definido los intercambios comerciales en el mundo durante el período económico de mayor esplendor de la historia de la humanidad, puede dar al traste con el funcionamiento que lo ha caracterizado en la segunda mitad del siglo pasado y lo que llevamos del presente siglo.

Según la Comisaría de Comercio de la Comisión Europea, la solución pasaría por replantear las  reglas de funcionamiento para que se produjese un reparto más equitativo y transparente de las ganancias derivadas del comercio internacional. Evitar la sobreprotección que algunos sectores industriales reciben de sus respectivos gobiernos, siendo el caso más paradigmático el que se refiere al sector del acero en China, circunstancia que ha provocado un desajuste en el mercado mundial de dicha commodity, en base a una competencia desleal con respecto al resto del mundo.

Otro aspecto que sería preciso resolver tiene que ver con la situación de desigualdad que se está produciendo en el ámbito de la inversión internacional, en el que empresas estatales totalmente subsidiadas, principalmente las chinas, están tomando posiciones en activos estratégicos en el resto de economías, mientras el país asiático establece una serie de restricciones a las empresas extranjeras en el momento que estas pretenden adquirir activos en su país.