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La miopía política: mientras los problemas crecen la necesidad de acuerdo salta por el aire

España se enfrenta a hasta cinco distintas elecciones en pocos meses sin agotar ningún ciclo político 

La miopía política: mientras los problemas crecen la necesidad de acuerdo salta por el aire

Este país es curioso. El paro vuelve a subir con más fuerza, a lo que debemos añadir situaciones peculiares como subidas generalizadas del gas, de la electricidad y de los combustibles. Vamos, lo que vulgarmente se conoce como un completo.  Pero, nosotros a lo nuestro, que si debemos jugar la liga española en Estado Unidos, que si el ministro escatima impuestos o copia en su master. En fin, España, “mi querida España”, siempre fue así, solo tenemos que observar la carta televisiva de los últimos años, más de 10, donde el éxito está determinado por el chascarrillo, el cotilleo, gente que cuenta toda su vida (insulsa) a los demás, en un acto económico de gran curiosidad por mi parte (marketing personal). 

Perdonen que lo diga, pero  hemos perdido estilo. Como ejemplo, los propios cotilleos: antes eran de Casas Reales y Grandes de España y ahora el perfil “es más corriente”, más cercano eso sí. A lo que debemos sumar los “espectáculos” de reality donde se junta gente diferente a ver qué hacen o, mejor dicho, a ver con quién se pelean.

El resultado: anestesia sobre el estado de la situación actual, que se centra en debates, no sobre el futuro, sino en temas mundanos o ya manidos como el del algún dictador que debe ser desahuciado. Pues así vamos. ¿Saben? Me preocupa. Al principio de la crisis se hablaba de la profundidad del problema pero también de oportunidades en forma de transformación profunda del país. Trabajando el país en una apuesta por la educación de calidad; por una apuesta decidida por la educación, en especial por una formación profesional moderna y adecuada al mercado profesional y además afrontando una reforma con valentía y con visión y plazo de más de cuatro años de todo el sistema educativo incluido el sistema universitario, ese de 45 universidades sin coordinación y sin razones para el éxito estudiantil.

Además, me prometieron que España apostaría definitivamente por la I+D. Apostar por la innovación como el gran motor de todo cambio y de todo progreso equilibrado e incluso sostenible, al menos durante un tiempo, era un punto vital de futuro. Pero además me prometían una España social, pero racional, es decir, centrando el problema y los recursos en la realidad: tercera edad, problemas de pobreza, fracaso escolar, y protección del verdadero necesitado. 

Ya ven, a estas alturas creerán que soy un iluso, pero escuchando a todos nuestros líderes políticos, debo decirles que todo gobierno nos  lo ha prometido: Zapatero (¿se acuerdan de él?), Rajoy (¿se acuerdan de él?), de Pedro Sánchez (¿se acuerdan de él?), con perdón por este último chascarrillo. 


EL CAMBIO NECESARIO 


Pero la realidad manda y en este país las reformas no se hacen por consenso, sí que se hacen por mayorías (absolutas a ser posible).  Por lo tanto nos quedan años duros donde poco podemos esperar de partidos, que solo aspiran al poder total, se pongan de acuerdo y que gobiernos en campaña electoral y con ministros astronautas puedan hacer algo. 

Mal vamos, y peor iremos. Está a punto de pasar un año más y los titulares son futbol, Franco e independentismo y la puesta en duda de la democracia nacional y de la Carta Magna. Ya ven, esto es como un capítulo de “Cuéntame”, de las primeras temporadas donde nos devolvía a los sesenta del pasado siglo. 

“España va bien” es un bonito lema que se cae a pedazos como los carteles del Plan E, ejemplo de “alta” política de principios simples y de recorrido corto.

Pero la gran duda, dando un paseo por los periódicos mundiales, es si la clase política se ha quedado sin ideas. Bueno, salvo Trump, claro. Pero nadie (Gobierno) es capaz de crear empleo de calidad, nadie es capaz de crear soluciones reales a problemas diarios y nadie sabe como convencer a sus electores de que el mundo ya no gira como en los setenta ni como en 2008 ni como en el 2014.

Las necesidades están definidas pero los que mandan no son capaces de valorar, conocer y tomar decisiones. El problema es el efecto “coche oficial”, vivir lejanos a la realidad, véase que nuestros presidentes  necesitan una casa oficial, asesores para apegarse con la realidad y la visión es en todo momento sesgada por encuestas que a su vez también están sesgadas. Si se fijan, las noticias de la televisión se generan siempre en las puertas de los distintos parlamentos pero apenas se habla de lo que se hace dentro de ellos. ¿Saben? Ya se escucha que debemos refundir esta democracia, tal y como la conocemos hoy y volver al Ágora donde se escuchaba a todo ciudadano.   No recuerdo quién dijo que la democracia es cercanía, sino es dictadura en alguna de sus formas. En fin, esperemos que los jóvenes nos aporten nuevas visiones y sepan cambiar su futuro y nuestro presente.