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"Le dedico este premio a las mujeres, que fueron las heroínas de la viña"

La Región | 26 de junio de 2018

Manuel García Montero.
Manuel García Montero.

Los Premios Ribeiro de la Denominación de Orixe conceden en la tarde de este martes el reconocimiento "Vida entre vides" por toda una vida en el mundo del vino a Manuel García Montero.

Los Premios Ribeiro de la Denominación de Orixe conceden en la tarde de este martes, a partir de las 19,00 horas en el Mosteiro de San Clodio, el reconocimiento "Vida entre vides" por toda una vida en el mundo del vino a Manuel García Montero. Este galardón representa un reconocimiento del sector por su trabajo en la cofundación de la Cooperativa Viña Costeira, de la que fue presidente más de veinte años y de donde se retiró hace tres años y medio para dejar paso a las nuevas generaciones. García Montero echó la vista atrás por todas las experiencias vividas, ilusionado por recibir este premio.

¿Qué sensación tiene al recibir este reconocimiento?

Estoy muy satisfecho, aunque hay mucha gente que vivió mis circunstancias o peores. La verdad es que me pasé más de la mitad de mi vida en las viñas. Soy hijo y nieto de viticultores, que vivieron de estas tierras antes y después de la guerra. Me acuerdo de ser pequeño y empezar a ayudarles, porque de aquellas todo este trabajo era muy rudimentario. Me siento honrado por recibirlo, aunque la suerte ha sido vivir y trabajar en esta tierra, con eso ya me siento afortunado pero agradezco a la Denominación que haya pensado en mí.

¿A quién se lo quiere dedicar?

Echando la mirada atrás, se lo dedico a la generación de mis padres y, sobre todo, a las mujeres. Ellas trabajaban en las viñas, atendían su casa, cuidaban a sus hijos y eran las verdaderas heroínas del Ribeiro. La gente de ahora se olvida de lo que es el pasado, y yo creo que lo que tenemos es consecuencia de lo que hemos vivido. Los que vivimos en el campo vimos a nuestras madres andar de rodillas entre las viñas, cavando, sulfatando... Ahora no se valora eso.

¿Fue difícil compaginar su labor como profesor y alcalde con el trabajo en el viñedo?

Puedo decir orgulloso que falté muy poquitas veces a mi trabajo en la escuela, y todas por motivo de enfermedad. Es todo cuestión de organizarse. Nunca falté a mis labores como maestro, que fue de lo que viví. Los demás fueron colaboraciones desinteresadas.

Usted vio como se gestaba la Cooperativa, ¿cómo han evolucionado las cosas?

La Cooperativa vivió momentos muy duros, y los viticultores también. En el año 1988 estuvimos a punto de ser absorbidos por otra empresa y nadie daba un duro por nuestro futuro. Esta entidad va más allá de lo económico, también tiene una importante labor social, por la que hicimos muchas cosas, como aumentar la calidad y la reconversión de los viñedos. Soy un convencido del sistema cooperativo porque fui testigo directo de lo mal que lo pasaron mis padres, para vender, con la incerteza después de trabajar todo el año como negros.

¿Cómo ve el futuro y a la gente joven?

Algunos están implicados, pero no hay las ayudas necesarias ni las condiciones para atraer a los jóvenes. Trabajar una viña no es fácil y hay que esperar cuatro años para que empiece a producir.

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