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La Magdalena y su crucero

La Región | 05 de septiembre de 2015

La Magdalena y su crucero
La Magdalena y su crucero

Entre la iglesia, la trasera del pazo de los Gayoso (hoy CEO), y las entradas a los pisos altos de la Plaza Mayor, nos encontramos sin prácticamente locales para negocio; aun así muchos recuerdan el “hospital de muñecas”, que Felisindo Arcas “Arquiñas” dirigía en la plaza.

En ocasiones me sorprendo descubriendo nuevos detalles en mis paseos por la ciudad. Y no me refiero a una aldaba en la puerta de un viejo edificio, ni a una de las bellas barandillas de la fundición Malingre que aún podemos encontrar, ni siquiera a uno de los escondidos escudos que algunas fachadas conservan. Hablo de llamativos edificios, preciosas esquinas e incluso plazas enteras que por estar ahí desde siempre, nos pasan desapercibidas. Estoy seguro de que a vosotros os pasa lo mismo y, por qué negarlo, de alguna manera supone una pequeña alegría.

¿Conocéis la muy antigua plaza de la Magdalena?, seguramente sí, aunque es posible que muchos de sus secretos…

El hecho de haber formado parte de nuestro OVRENSE desde sus principios ha dado lugar a muy diferentes fases en su vida. En su entorno se levantó el primer gran templo de la villa en el siglo VI (Santa María Madre, erigida en el siglo XI, conserva dos columnas de la antigua “catedral” en su fachada, y encima de la puerta lateral, podemos leer la lápida fundacional que confirma que fue el obispo Ederonio quien “empezó la fábrica de esta iglesia en la era de 1122), y desde aquellas hay quien insinúa que un túnel recorre toda la plaza, lleno de secretos. El túnel habrá que seguir profundizando para encontrarlo; de momento en las excavaciones que se hicieron hace años, aparecieron las lápidas que demuestran que la zona fue el cementerio de la Magdalena. El nombre de Magdalena viene de una pequeña capilla que existió en la esquina que da a la plaza del Trigo. Durante muchos años fue uno de los espacios dedicados a mercado de la ciudad, siendo fruta y verdura los artículos predominantes, de hecho se la conoció como plaza de la Verdura.

Entre la iglesia, la trasera del pazo de los Gayoso (hoy CEO), y las entradas a los pisos altos de la Plaza Mayor, nos encontramos sin prácticamente locales para negocio; aun así muchos recuerdan el “hospital de muñecas”, que Felisindo Arcas “Arquiñas” dirigía en la plaza.

Quedan muchos detalles en el tintero, pero hay uno que me interesa contaros, y es el del hermoso crucero que preside la plaza. Entre las fotografías que me prestó mi maestro Augusto Guedes -del archivo de su padre, Augusto Pacheco- hay unas cuantas que podrían interpretarse como precursoras de Ourense no Tempo (para mí seria un orgullo poder decirlo, pero no sería cierto, ya que cuando comencé esta aventura, desconocía esta costumbre de Augusto Pacheco).

En aquellos tiempos, el uso de ordenadores no era posible, y los medios de archivo eran todos manuales y físicos. Esas limitaciones posiblemente fueran las culpables de que en la propia copia fotográfica Augusto incluyera unos datos básicos que documentaran la imagen.

Los datos que en la foto escribió Augusto se han ido ampliando con el hallazgo de notas sobre “trozos” de bandidos depositados a los pies del vecino roble; fotografías de políticos que a modo de manifiesto de adhesión al partido posaban junto al líder y algunos datos salteados que en la mayoría de los casos aluden a su mudanza hacia la plaza da Magdalena.

Este sería el relato:

Sin ánimo de contradecir al maestro Pacheco, creo que se puede afirmar que el Crucero que dio nombre al “recreo” conocido antes como Campo del Puente y desde ese momento como Alameda del Crucero, es de obra anterior al 1718, a pesar de que se recoja esa fecha incluso en el pedestal del propio Crucero. La justificación esta precisamente en la orden que autorizaba su reparación en ese año. Por documento recuperado por don Manuel Blanco Guerra, sabemos que el 27 de abril de 1718, siendo corregidor Don Bernardino Patricio de Arce y Obregón (figura  como Aragón en algún artículo), el ayuntamiento faculta a dos diputados para “que se hiciese reparto de todos los gastos necesarios para erigir el crucero del campo del puente, por estar derribado y ser preciso su compostura”.

Posteriormente tuvo que repararse en varias ocasiones a lo largo de su vida, hasta que a finales de los 20 parece ser que se retiró del lugar y se amontonó en los almacenes municipales. De allí salió gracias a la intercesión de don Alejandro Veiras, quien recomendó con buen criterio su recuperación proponiendo la histórica plaza de la Magdalena como enclave idóneo. Allí está desde los 60, fecha de la segunda fotografía de Augusto Pacheco.

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