DEMOGRAFÍA - REPORTAJE

Aires latinos para revivir el rural

A medio camino entre la villa de San Rosendo y el Monte da Cruz se encuentra la coqueta aldea de A Obra, que ha pasado de 0 a 10 el censo demográfico en los últimos cinco años gracias a la emigración latina.

Juan Contreras en el balcón de su vivienda en A Obra, en un mirador hacia la villa de San Rosendo.
Juan Contreras en el balcón de su vivienda en A Obra, en un mirador hacia la villa de San Rosendo.
Aires latinos para revivir el rural

Las silvas que durante años tomaron fincas, caminos y hasta viviendas, empiezan a desaparecer de A Obra. El pequeño núcleo de población ubicado en un mirador sobre la villa de San Rosendo, que durante años estuvo semi-abandonado (en el Instituto Nacional de Estadística no constan residentes en los últimos cinco años) y a merced de los amigos de lo ajeno, está volviendo a la vida gracias a la emigración del otro lado del charco.

La familia Contreras Pérez ha sido la última en llegar y en revolucionar la paz con la que la naturaleza campaba a sus anchas en los caminos del pueblo, donde solo dos de sus diez casas se mantienen en pie. Oriundos de Venezuela, los cuatro miembros de esta familia llegaron a Terra de Celanova de la mano de unos parientes y huyendo del conflicto que se ha instalado en el país latinoamericano. "Aquí reside una cuñada, aunque yo ya había oído hablar de Celanova, y mismo entendía algo el gallego, porque un compañero de trabajo de la hostelería era de aquí cerca, de Vilavidal (Ramirás)", confesaba Juan Contreras.

La integración en el pueblo está siendo buena. La seguridad y la tranquilidad que se vive en Celanova es la cualidad que más destacan de esta tierra de poetas. "La otra familia que vive en A Obra nos recibió muy bien", asegura Contreras, quien conquistó a sus vecinos a golpe de guadaña. "Cuando llegamos no se podía entrar ni en la casa, había silvas por todas partes. Poco a poco fuimos limpiando el camino y ahora, en contacto con los dueños de otros terrenos, estoy intentando librar de maleza el entorno del pueblo, porque es un lugar muy bonito donde viene gente a pasear", relata Contreras.

A medio camino entre la villa y el Monte da Cruz, el pueblo está a un kilómetro a pie de la praza Maior, "por aquí acude mucha gente a pasear, mayores con los perros, jóvenes,... y también pasa la andaina que organizan cada año", comenta Virgina Fernández, una de las seis moradoras de la otra vivienda habitada de A Obra, lugar de nacimiento de su padre y al que regresaron hace poco más de un año desde Chile. "Llegamos en abril de 2017, pensábamos que teníamos la casa lista porque veníamos cada verano y resultó que no se podía ni entrar de cómo estaba. La limpiamos, al igual que los caminos que estaban llenos de maleza y basura; aquí tiraban de todo", relata Virginia Fernández, a quien en un futuro le gustaría ver más casas habitadas que dieran vida al pueblo. "Por ahora pediríamos que los dueños tengan las fincas y casas limpias", matiza.


Dos meses sin luz


En su apuesta por vivir en el rural celanovés no todo ha sido de color de rosa, especialmente en el caso de la familia Contreras Pérez, que lleva más de dos meses esperando a que Naturgy (antigua Gas Natural Fenosa) efectúe la solicitud de alta de la luz en la vivienda. "La casa tenía electricidad, pero los ladrones la habían saqueado por completo y hasta el contador se llevaron. Y hoy no se puede hacer nada sin luz: no podemos usar la nevera, el agua del pozo,...", enumera este nuevo vecino celanovés, quien agradece la generosidad de sus convecinos al permitirle conectar un cable que les surte de algo de electricidad para el día a día. La empresa eléctrica, a consulta de este periódico, confirmaba ayer por la tarde que esta misma mañana comenzarán las obras, una vez que han conseguido los permisos y autorizaciones correspondientes para llevar a cabo el proyecto de canalización subterránea de 20 metros de cableado. 

Precisamente la luz, pero la del alumbrado público, es otra de las reivindicaciones de los diez nuevos residentes de A Obra. "En el pueblo no había farolas, pusieron dos puntos de luz junto a nuestras casas, porque las pedimos", señala Contreras, a lo que Fernández añade que "estaría bien que el ayuntamiento instalase puntos de luz en la carretera hasta los chalés, porque en invierno se hace de noche pronto y, cuando venimos andando, lo hacemos con la linterna del móvil en la mano".