CRÓNICA

Una salida para escapar de la condena de la prostitución en Vietnam

Un proyecto de la ONG Alliance Anti Trafic trata de romper el destino casi ineludible de prostitución al que se ven abocadas niñas y adolescentes vietnamitas

Un proyecto de la ONG Alliance Anti Trafic (AAT) trata de romper el destino casi ineludible de prostitución al que se ven abocadas niñas y adolescentes vietnamitas, empujadas por la pobreza, la falta de alternativas e incluso la tradición familiar
Un proyecto de la ONG Alliance Anti Trafic (AAT) trata de romper el destino casi ineludible de prostitución al que se ven abocadas niñas y adolescentes vietnamitas, empujadas por la pobreza, la falta de alternativas e incluso la tradición familiar
Una salida para escapar de la condena de la prostitución en Vietnam

Un proyecto de la ONG Alliance Anti Trafic (AAT) trata de romper el destino casi ineludible de prostitución al que se ven abocadas niñas y adolescentes vietnamitas, empujadas por la pobreza, la falta de alternativas e incluso la tradición familiar.

Daffofil (nombre ficticio), una niña de nueve años, sueña con ser médico y ganar suficiente dinero para ocuparse de su madre y comprarle una casa. Es una de las más alegres miembros del grupo de 22 niñas y adolescentes seleccionadas por AAT en Ho Chi Minh (antigua Saigón) por el alto riesgo de que sean objeto de abusos sexuales y terminen cayendo en redes de trata de personas.

La pequeña no sabe que si consigue hacer realidad su sueño romperá una perversa costumbre familiar: desde hace dos generaciones las mujeres se ganan la vida con la prostitución.

"Es casi como una tradición, su madre, sus tías, su abuela, todas se han ganado la vida así. Hay otros casos similares, pero este es el más llamativo", dice a Efe Georges Blanchard, fundador de AAT e involucrado en la lucha contra la trata de personas en el Sudeste Asiático desde hace más de tres décadas.

"Tiene 9 años, en dos años alguien de su familia o de su entorno podría vender su virginidad. Hay casos documentados de que las madres, abuelas o familiares las empujan a la prostitución. Les dicen que no es para tanto, que ganarán más dinero que trabajando... Tenemos que estar encima para romper esa cadena", añade.

Desde el inicio del proyecto en 2015, el equipo de asesoramiento de riesgos de AAT sale todos los días a la calle en busca de familias cuyas niñas estén en especial situación de riesgo y para este año han seleccionado a 22 de entre 6 y 18 años, algunas de ellas infectadas por el VIH desde su nacimiento.

La organización ejerce un seguimiento semanal, similar al de los servicios sociales públicos de algunos países europeos y se asegura de que las chicas continúan sus estudios, además de ofrecerles una visión diferente del mundo e impartirles jornadas educativas con la esperanza de que eludan el destino al que parecían condenadas.

"Si abandonan la escuela a una edad temprana es muy probable que terminen siendo explotadas sexualmente porque la mayoría de sus madres están en esa situación", explica My Ngan Ta, directora del proyecto.

La primera jornada de este curso consiste en pasar una mañana en un restaurante. Antes de la comida, las más jóvenes se entretienen pintando y haciendo manualidades, las adolescentes participan en debates sobre educación sexual y otros temas y las madres reciben otra charla sobre el riesgo al que están expuestas sus hijas.

La participación de las progenitoras es la gran novedad de este año, una iniciativa que trata de darles las herramientas para proteger a sus niñas de la trata de personas.

"No queremos que las hijas sigan sus pasos. No es que las madres lo deseen, pero a veces la pobreza, la ignorancia y el entorno en el que viven les aboca a eso. Ellas en general saben qué es mejor para sus hijas, el problema es que no tienen los medios para ofrecérselo", subraya Ngan Ta.

La responsable del proyecto recalca que en años anteriores, el hecho de que las niñas siguieran el programa animó a algunas madres a buscar otras alternativas laborales. "Damos esperanza a las niñas, pero también a sus madres", apunta.

Blanchard, convencido de que la educación es la única forma de resolver el problema a largo plazo, confía en que las niñas no solo sean capaces de cambiar su destino, sino que ayuden a otras gracias al conocimiento adquirido.

"Prevenir es mejor que curar. Queremos que se conviertan en activistas de manera natural, que si tienen una amiga en una situación de riesgo sean capaces de asesorarla. Quien educa a una persona salva a diez", concluye.