NAVIDAD EN OURENSE

El Belén de Baltar: cincuenta años de un símbolo

El Belén de Baltar, que cumple medio siglo, abría ayer sus puertas para recibir la Navidad. Una tradición en la que no faltan la figura del afilador, el retratista y el alfarero, ni tampoco los cruceiros y las bodegas. 

El Belén de Baltar: cincuenta años de un símbolo

Pasan unos veinte minutos de las siete de la tarde cuando cinco pequeños empujan el portón que da entrada al belén bajo la atenta mirada de los vecinos que llenan la plaza de San Cosme y Damián. Los niños tienen la capacidad de sentir de cerca la magia de Navidad y, es por ello, que nadie mejor para abrir las puertas de un belén,  obra de Arturo Baltar,que cumple 50 años siendo emblema navideño de la ciudad, y que ayer nuevamente abría sus puertas.

Intentar ver las cosas con los ojos del niño que  llevamos dentro es sencillo una vez en el interior de la capilla. Alrededor del cristal que protege del frío a las cientos de figuras en barro cocido que recrean la tradición y arquitectura del rural ourensano, se detienen familias al completo. Los niños alzan la vista y piden a sus padres que los levanten en peso para llegar a ver las piezas y estructuras de la parte superior, y más alejada, de la obra de Baltar. Mientras los mayores comentan con nostalgia los recuerdos que les evocan las escenas cotidianas representadas. 

Sin temor al delirio, casi podría decirse que de fondo cantan los ángeles. Sin embargo, los querubines son en este caso los niños cantores de la Capilla Madrigalista, que entonan villancicos al son del piano y bajo las órdenes de la directora. Las quince voces son la banda sonora perfecta para contemplar el nacimiento. "Corre, corre al portalico que ha nacido el chiquitito", afinan. Y así se afanan en hacer algunos. 

En el singular belén no faltan piezas etnográficas como los petos das ánimas, cruceiros, palomares, fuentes y puentes. Así se lo hace saber Elena a su hijo pequeño mientras le señala la presencia de trabajos tradicionales como el del alfarero o el del panadero. A su derecha, tres amigas comentan la puntería de Baltar al incluir numerosas figuras de mujeres con pesados fardos en la cabeza, tal y como era costumbre. 

Si bien esto no es todo, las historias que acontecían en el entorno ourensano se siguen sucediendo ante la mirada de los presentes. No falta el afilador, el ciego cantor de coplas, el conocido espectáculo de la cabra, ni tampoco el retratista realizando una foto de familia. "¿De aquella ya existían los fotógrafos?", pregunta un niño a su madre.  Lo que está claro es que, como si de una fotografía se tratase, "el Belén resume con una inmensa capacidad creativa el sentimiento que tenemos todos en esta Navidad", tal y como explica Fernando Rodríguez. Su mujer, María José Novo,  añade enseguida: "Venimos todos los años a verlo porque es un homenaje a la Navidad". Este año ha sido para ellos más especial si cabe, pues ha sido la primera vez que su hija Adriana Rodríguez canta con los niños de la Capilla Madrigalista.  La originalidad del Belén no le hace perder la esencia original como pudiera pensarse. Es por ello que no falta el tradicional portal con San José y la Virgen al lado del niño Jesús y, acompañados por la mula y el buey. Ni tampoco Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente. 

Recorrer la viviendas y tabernas propias de "A Esmorga" de Blanco Amor, transitar los caminos y deternerse a observar las orillas del río de la consolidada insignia de la tradición belenística en la ciudad es, un año más, abrir la puerta a la Navidad. Con la ilusión de que entre con las mismas ansias arrolladoras que los aplausos que resonaron en la plaza tras la actuación de los niños cantores.