ENTREVISTA

“No tenemos suficiente reconocimiento social"

Óscar Domínguez nació y se crio en A Rúa de Valdeorras y se apasionó por el mundo de las matemáticas en su época de alumno del IES Cosme López de la localidad valdeorresa

Óscar Domínguez es un experto resolviendo funciones complicadas.
Óscar Domínguez es un experto resolviendo funciones complicadas.
“No tenemos suficiente reconocimiento social"

Óscar Domínguez nació y se crio en A Rúa de Valdeorras y se apasionó por el mundo de las matemáticas en su época de alumno del IES Cosme López de la localidad valdeorresa. Con 18 años se fue de casa para hacer realidad su sueño de estudiar esta carrera y ahora ha llegado a lo más alto que puede alcanzar un recién doctorado, al ser uno de los siete premiados con el prestigioso premio Vicent Caselles, que entregan la Fundación BBVA y la Real Sociedad Matemática Española, que reconoce la primera investigación matemática de los menores de 32 años de edad. Ahora trabaja para la Universidad de Coímbra. 

¿Qué significa un premio así para un joven entregado a la investigación como usted?
El Vicent Caselles es un galardón de mucho valor, premia el inicio de tu carrera investigadora y te hace ver que estás haciendo bien las cosas. No es tan importante el impulso económico (2.000 euros) que te da sino la motivación que te aporta para seguir trabajando en nuevos retos. 

¿Qué proyecto presentó para conquistar al jurado? 
 Participé con mi tesis doctoral, que es un desarrollo de la teoría de la aproximación para convertir funciones complicadas en varias funciones simples. Básicamente, consiste en tratar los resultados complicados como simples y como complicados los simples. Trabajo  problemas de la tomografía del ojo humano y busco aplicar los resultados a ecuaciones en derivadas parciales no lineales.
 
28 años y el mejor premio del gremio. Dicen que los grandes cerebros nos abandonan pero,  ¿es posible desarrollar investigación de calidad en Ourense?
Actualmente, se pueden hacer matemáticas de nivel en cualquier sitio. El avance de las tecnologías hace que uno pueda trabajar en verano en A Rúa y hacer proyectos con compañeros de Princeton en Estados Unidos, como hago todos los años. No es necesario estar en la mejor ciudad del mundo para hacer las mejores matemáticas, pero sí que es cierto que hay que salir fuera para meterse dentro de los círculos de mayor trascendencia.

Supongo que su atracción por las matemáticas le llegó de pequeño ¿Era un gran estudiante, verdad?
No voy a engañar a nadie, era muy buen estudiante, pero mi asignatura preferida siempre fueron las matemáticas. En el instituto me lo pasaba bien con esta materia y tuve suerte de tener profesores en el IES Cosme López de A Rúa que me impidieron abandonar mi pasión. Otras materias escolares siempre las veía como una obligación, pero con las matemáticas disfrutaba, ya desde que tenía 12 años.

¿Se hacen buenas matemáticas en Galicia y en Ourense? 
En esta tierra se hacen muy buenas matemáticas, no tengo ninguna duda. Particularmente, he tenido grandes profesores en la Universidad de Santiago de Compostela y recibí una gran formación, pero decidí salir fuera por circunstancias personales, porque me apetecía conocer otras formas de trabajar y poder tejer redes de contactos. Pero no hay que olvidarse de que Galicia están en el top 3 de las matemáticas en España y, de hecho, en mi promoción había varios matemáticos ourensanos que ahora están haciendo tesis doctorales muy buenas o trabajando en empresas privadas con altos sueldos. Esta rama tiene mucho futuro, si realmente te gusta, claro.

Pero la mayoría de los grandes talentos se marchan fuera de aquí... 
En mi caso fue una decisión personal. Si te quedas siempre estancado en la misma ciudad, no avanzas. Podría investigar desde Ourense si quisiese, pero para mí es fundamental estar en un sitio bien comunicado y con muchos vuelos, puesto que viajo a muchos congresos. En ese sentido, hay provincias más aisladas. Acudo a encuentros  en Polonia, Suecia o Alemania para presentar mis investigaciones y son estancias fundamentales para mí, porque ahí te surgen nuevos problemas que hacen que no pares de pensar. Hay que saber afrontar siempre nuevos problemas.

A partir de ahora, ¿seguirá desarrollando el proyecto o tiene nuevas cosas en mente?
Continúo interesado en aplicar mi tesis a problemas de la vida real, a ecuaciones del calor, de ondas... No haré un cambio abrupto de la investigación pero hay que seguir aprendiendo nuevas técnicas. 

¿Se sienten los investigadores españoles más respaldados ahora que antes?
Con iniciativas como la de este premio, a veces sí. Pero en España hace falta más ayuda a los investigadores, ya que la mayoría termina la tesis doctoral y se encuentra desnudo y sin nada. Hay personas brillantes que tienen que abandonar la investigación por no encontrar plaza en ninguna universidad. Habría que aumentar el número de becas exponencialmente porque no puede ser que haya convocatorias en las que se presentan 400 personas con currículos excelentes y solo se oferten cuatro becas. En este apartado noto diferencia con otros países con los que colaboro. Más bien desde el punto de vista social, porque en otros lugares los investigadores tenemos una mayor consideración social que aquí.

¿Y no se plantea trabajar en algún momento para la empresa privada?
No investigo por el dinero, sino que esto es pura satisfacción. Estoy muy centrado en el terreno de la investigación y no me planteo trabajar en la empresa privada, al menos en un futuro cercano. Afortunadamente, he tenido la suerte de poder vivir de esto desde que acabé la carrera. Económicamente está claro que es mejor ir a una empresa, pero la investigación tiene sus ventajas, como poder trabajar en cualquier rincón del planeta, incluso en el metro, donde a veces voy resolviendo funciones. En esos momentos también estoy trabajando y la gente que me ve ni se da cuenta.