GASTRONOMÍA

Cinco años de crianza en el silencio del acero

Paco & Lola acaba de ganar el Acio de Ouro al mejor vino blanco en la cata oficial de los vinos de Galicia

Cinco años de crianza en el silencio del acero

La bodega acaba de cumplir diez años, aunque su sociedad propietaria, la Cooperativa Vitivinícola Arousana nació un par de años antes, en 2005. Su vino estrella es el que da nombre a la bodega, “Paco & Lola”, y aquí hay que subrayar que fue así y no la bodega la que da nombre a su vino insignia. En realidad es un fenómeno que se da con cierta frecuencia en Galicia. Bodegas Vilariño, es hoy Martín Codax, Adega das Eiras, Terras Gauda y la Vitivinícola del Ribeiro, Viña Costeira, porque las marcas de sus vinos se impusieron a la razón social que había detrás. En el caso que nos ocupa hoy, la transición fue muy breve y el contenido ocupó el nombre del continente en poco más de un par de años.

Paco & Lola acaba de ganar el Acio de Ouro al mejor vino blanco en la cata oficial de los vinos de Galicia que organiza cada año la Consellería de Medio Rural. Un reconocimiento que viene respaldado por una todavía corta historia pero llena de premios y distinciones. 

Para quienes deseen profundizar más en los vinos que elabora esta bodega, que cuenta con un viñedo de 210 hectáreas, propiedad de sus 428 socios, la propuesta de esta semana deja a un lado los vinos jóvenes, del año, para ocuparnos de uno que llega a la botella después de una larga crianza. 

Paco & Lola 2010 Vintage es un vino que nace en los viñedos con las cepas más viejas de la bodega. Se hace la selección de uvas y tras una fermentación controlada a 16 grados durante 21 días, le sigue una crianza de 12 meses en depósito con sus lías finas y batonnages semanales a lo largo de todo ese período. A continuación permanece otros cuatro años de reposo en depósito de acero inoxidable, hasta que es estabilizado y embotellado.

A diferencia de las crianzas en madera, la realizada en acero aporta, por un lado esa untuosidad y mayor estructura que incorporan las lías. Por otro, una madurez mucho más sutil, ajena a la presencia de aromas que aportaría la madera. Se aprecia la evolución natural del Albariño, con una acidez más moderada y la persistencia del gusto frutal, con un punto de aire tostado.