INFRAESTRUCTURAS

Doscientas viejas escuelas ourensanas se reconvirtieron en velatorios o locales sociales

La alta demanda vecinal recupera estos espacios y ya solo quedan apenas 68 viejos colegios en estado de abandono total

Antigua escuela de Melias, que ahora hace función de local social y velatorio.
Antigua escuela de Melias, que ahora hace función de local social y velatorio.
Doscientas viejas escuelas ourensanas se reconvirtieron en velatorios o locales sociales

El bum de los velatorios y locales sociales en la provincia ha conseguido volver a dar uso a infraestructuras municipales, en el 90% de los casos antiguas escuelas en los núcleos más pequeños, en muchos casos centros formados por emigrantes que hicieron las Américas. Desde el inicio de siglo, el panorama ha cambiado radicalmente y los vecinos han podido volver a disfrutar de casi 200 colegios en desuso. 

En el año 2000, los concellos de la provincia tenían 302 edificios municipales completamente abandonados, de los cuales 258 eran antiguas escuelas y centros educativos. Con el auge de la rehabilitación y, sobre todo, la presión vecinal para habilitar sitios de reunión y lugares donde velar a sus fallecidos, 18 años después se ha dado un giro radical. 

Los datos de la Encuesta de Infraestructuras Locales del Ministerio de Política Territorial y Función Pública lo dejan claro. En 2017, solamente quedaban 83 edificios municipales vacíos en los pueblos, y de ellos, 68 son antiguas escuelas. 


Cambios


Los ocupantes no son los mismos de hace 40 años, ya no hay niños correteando y el trasiego de las salidas y entradas, pero se les ha vuelto a dar uso. Ahora, son sitios de reunión, bien para jugar a las cartas, bien para hacer cursillos municipales y mantenerse activos. Y, cada vez más, para velar a los vecinos fallecidos. 

"Cada vez hai máis xente maior, menos se poden mover, e piden poder velar aos seus cerca. Antes facíase nos propios locais sociais, pero coa polémica de hai anos tivéronse que adaptar e por iso hai tanta demanda". Así se explica el alcalde de Chandrexa de Queixa, Francisco José Rodríguez.

 Este municipio ha estado en boca de todos esta semana, después de que, acompañado de  autoridades de la Xunta de Galicia y del Concello, inaugurase las instalaciones de un nuevo velatorio municipal en la antigua escuela de Rabal, que pretende dar servicio a 14 pueblos. "Era o que pedían os veciños", insiste el regidor, sorprendido por la repercusión. 

Donde antes había niños con toda la vida por delante, ahora hay despedidas, llantos y, también, un lugar de reunión. "Estano facendo todos os sitios, e paréceme ben", concluye.

El bum de los pequeños velatorios en los núcleos es una realidad desde hace años. "É unha demanda veciñal, é o que piden, e esteamos ou non de acordo na necesidade, mentres se fagan legalmente, hai que corresponder", explica el teniente alcalde de Pereiro de Aguiar, Manuel Doval. Ahí, en antiguas escuelas como la de Cimadevila (Melias), se combina el local social con el velatorio. Prácticamente todas las parroquias de Pereiro tienen su propia sala para despedir a los difuntos.

La gestión de estos velatorios no es siempre municipal. Aunque en Chandrexa dicen que "non lles cobramos un peso", en otros lugares los mantienen los propios vecinos. 

"Antes facíanse pistas de fútbol porque se querían en todas as parroquias e quedaron moitas cubertas polas silvas. Agora, está a moda de pedir velatorios...", dice Plácido Álvarez, regidor de Muíños. Él no cree que "vaiamos facer máis", tras recordar que en 2013 se abrió un local social y velatorio –cada uno con su espacio en el mismo edificio– en Requiás-Guntumil, en pleno Xurés. 


Impulso vecinal


La "moda" ha traspasado la competencia municipal y, en muchos casos, son los propios vecinos los que dan el paso sin ayuda. Como la comunidad de montes de Gomareite (Vilar de Barrio), que en 2017 se hizo con la casa rectoral para compaginar en ella un local social con una sala para velar a los muertos. 


"Os centros sociais axudan á xente a manter a ilusión"


"Todo isto axuda a que a xente queira permanecer nas aldeas", dice el alcalde de Viana, Secundino Fernández. Considera que en los últimos años la proliferación de locales sociales para la reunión de los vecinos ha contribuido a "mellorar o ánimo" de los residentes. "Axúdalles a manter o vínculo social, á parte de manter o patrimonio e darlle uso", añade.

De momento allí no han reformado ninguna escuela para velatorio, y todas van destinadas a local social. "Coa vida de antes, cada aldea era unha comunidade unida, pero agora fai falla un sitio para reunirse e conversar", explica Fernández. Solo aquí, calcula que se han puesto en marcha más de 10 de estas escuelas como centros sociales. En Chandrexa, donde había 28 antiguos colegios, también los han reconvertido en estos locales, y ahora uno de ellos en velatorio. "Dan vida, a xente agradéceo", dice el regidor.

En A Peroxa, por ejemplo, están rehabilitando la antigua escuela de Vilarrubín para convertirla en vivienda social; y en otras partes, la ubicación del velatorio ha creado más tensión. Fue el caso de Os Blancos, donde el edificio multiusos acoge la escuela infantil y el tanatorio, lo que creó recelo entre algunos vecinos. El regidor, José Manuel Castro, aseguró en su día que "poden estar os nenos e o defunto no mesmo lugar perfectamente".