OURENSE NO TEMPO

Centros de acogida y reinserción

Con motivo de la agresión sufrida por Mariano Rajoy durante la pasada campaña electoral, salió a la palestra el centro de menores de Monteledo

Los últimos años de la Casa de Observación, en la calle de la Luna y Monterrey, se había convertido en un colegio público como cualquiera de los de la ciudad. (Archivo Luis Vila.)
Los últimos años de la Casa de Observación, en la calle de la Luna y Monterrey, se había convertido en un colegio público como cualquiera de los de la ciudad. (Archivo Luis Vila.)
Centros de acogida y reinserción

Con motivo de la agresión sufrida por Mariano Rajoy durante la pasada campaña electoral, salió a la palestra el centro de menores de Monteledo, (antes Montealegre), lugar escogido por el juez encargado del caso para recluir, al tiempo que se protegen sus derechos, al menor responsable de la agresión. Pocos ourensanos saben de la existencia de este centro, y muchos menos conocen sus antecedentes. En www.Ourensenotempo.com ya hemos tratado el tema en al menos dos ocasiones, y estas son unas breves pinceladas de esa historia.

Menores abandonados, jóvenes con problemas de adaptación e infinidad de casos similares, históricamente terminaron en delincuencia o acogimiento por alguna de las órdenes religiosas existentes en la antigüedad. Algunos recordaréis el caso que en tiempos dio nombre a los ourensanos: a los que se nos conocía como “Os graxos da Gurga”, fue cuando la desamortización del ministro Mendizábal (1836). Sea como fuera hemos de admitir que esa no era solución al problema, pero nadie había querido afrontarlo directamente, hasta que a comienzos del siglo XX se estudian soluciones al cada vez más grave problema.

En Ourense fue el famoso músico Faustino Santalices (gaitero, lutier e investigador de la zanfona), quien en su cometido como secretario del Gobierno Civil tuvo un papel fundamental. En 1932, Santalices propone al gobernador civil, Varela Radio, la creación de un reformatorio en el Monasterio de Oseira, siendo aceptada la propuesta. Lamentablemente cuando aún quedaba mucho trabajo pendiente, la guerra civil vino a trastocar los planes, y Oseira, junto con el monasterio de Celanova se reconvirtieron en cárceles de guerra.

Terminada la contienda y con muchos problemas agudizados, el del abandono de niños y el aumento de la delincuencia juvenil entre otros muchos, se hace necesario desarrollar políticas de apoyo a la infancia y de reinserción para jóvenes. Es así como en 1941 nos encontramos con varios proyectos terminados, la apertura de los servicios provinciales de sanidad infantil, la sala de Maternidad del Hospital, el Asilo de la Barrera, la Gota de Leche, los dos comedores infantiles abiertos por el Auxilio Social (Progreso y Obispo Cesáreo) y a punto de abrir el Jardín Maternal en el Couto (Iglesias Ballesteros, se llamo en un principio, aun hoy sigue dando servicio reconvertido en guardería). Podríamos citar proyectos llevados a cabo por la iglesia o por la generosidad privada (Angelita Varela, Divino Maestro etc., pero eso será otro día).

Volviendo al tema que me ocupa hoy, leo en un excelente estudio sobre el tema ("Perspectiva histórico-didáctica de los reformatorios de Amurrio y Casa de Observación Montealegre de Ourense: análisis comparativo", José Roberto Soto Fernández, María del Mar Muñoz Prieto, Mª Sandra Fragueiro Barreiro), que: entre 1952 y 1960 tuvimos en Ourense el reformatorio ya citado de Oseira, cuya misión era precisamente esa: reformar y reinsertar (uno de los métodos era la enseñanza de un oficio y ahí es donde entra en juego la imprenta Hodire "Hogar Divino Redentor" acompañada de otros talleres). Y por otro lado, la Casa de Observación, que era de carácter magisterial y asistencial, ubicada en un edificio cedido por la diputación en la calle de la Luna, y que en 1956 se traslada a la calle Monterrey.

De esa época es la foto que me presta el amigo Luis Vila, quien me cuenta que afortunadamente en esos años, ya habían cambiado mucho las cosas y don Modesto Fernández junto con don Pío, ejercían como cualquier otro profesor su magisterio, al ser los alumnos vecinos del barrio; eso sí, de vez en cuando se incluía en las aulas algún niño que rápidamente se integraba con los demás. Eran los últimos coletazos de los “malos tiempos”.

A partir de los sesenta, con la apertura del centro de menores de Montealegre, se dio un paso de gigante en la reinserción de estos jóvenes con problemas. Otro día hablaremos de las escuelas hogar, en donde tuve y conservo algún buen amigo.