ENTREVISTA

“Duele ver frente a la solidaridad de la sociedad la lejanía de la administración"

José Ángel Feijóo Mirón es rector del Seminario Mayor desde hace una década y delegado de Cáritas desde hace 20

José Ángel Feijóo es rector del Seminario Mayor
José Ángel Feijóo es rector del Seminario Mayor
“Duele ver frente a la solidaridad de la sociedad la lejanía de la administración"

José Ángel Feijóo Mirón (Peares, 1960)vivió en A Ponte desde los cinco años, por lo que se considera "pontino" de pura cepa. Estudió Filosofía en Roma e hizo la mili en la Escuela naval de Marín, donde impartió clases de ética al Rey -entonces príncipe- en el año 1984. Fue delegado de juventud en la Diócesis de Ourense y trabajó con las familias en Atox. Fue párroco de Canedo durante 10 años. Es rector del Seminario Mayor desde hace una década y delegado de Cáritas desde hace 20.

¿Dónde están las satisfacciones?

De modo especial en Cáritas y en el trabajo de ayuda al toxicómano. Siempre me atrajo el aspecto social y caritativo de la Iglesia y me ha dado grandes satisfacciones. Los años en la parroquia de Canedo también han sido muy satisfactorios. Uno se siente sacerdote en el trato con la gente, ayudando en el día a día. Ver que alguien recupera su autonomía personal y vuelve a ser dueño de su vida, que tiene esperanza e ilusión en la vida, eso te da una gran satisfacción y una enorme alegría. Te anima para seguir luchando.

¿Y los momentos duros?

Resulta difícil cuando te encuentras con problemas que no tienen solución. En el caso de los muchachos toxicómanos te sientes fatal cuando no quieren por muchos medios que les des. Es frustrante y doloroso cuando quieres que salgan de ahí y la familia te apoya en el trabajo pero no quieren. Esos son momentos muy duros. En Cáritas, también duele ver familias de difícil solución porque tienen muchas cargas que impiden una salida fácil. Duele ver, frente a la solidaridad de la sociedad, la lejanía de la Administración en muchas cosas. Es triste decirlo pero la preocupación de la Administración no gira en torno a las personas ni a lo social. Eso hace que sigas luchando por cambiar cosas.

Pero el problema sigue, ¿no?

Los sociólogos dicen que la crisis económica está pasando, pero el empobrecimiento ha sido muy grande y la mejora social no va al mismo ritmo ni nivel que la económico. Es un gran problema. Muchas personas han tocado fondo y les resulta difícil recuperarse. Volver al estado del bienestar va a costar muchísimo.

¿Hablamos de Ourense?

Sí. Desafortunadamente, hay personas que se están quedando por el camino y eso es lo que duele. A muchas las estamos apoyando en Cáritas. Algunas van al comedor social y les ayudamos a pagar el recibo de la luz o el agua, la educación de sus hijos... Son personas que tenían un trabajo y estaban entre los 40 o 50 años en tiempo de crisis y que fueron al paro. Ahora no encuentran trabajo. Es cierto que algunas familias se han ido amparando entre ellos y gente mayor con sus pequeñas pensiones ha ayudado a los hijos pero pese a todo hay quien ha llegado a vivir situaciones muy difíciles. Como sacerdote tengo la ilusión humana de ayudar a la gente pero también te mueves con la esperanza y la fe porque si no sería desesperante.

¿Y la solidaridad ourensana?

Es lo positivo. Por lo general, en Ourense la gente es buena y solidaria. En cualquier iniciativa es fácil encontrar apoyos en distintos ámbitos de la sociedad.

¿Ayudan las cruces en la Renta?

Mucho. Los ourensanos saben de nuestra labor. El ejercicio de la caridad es uno de los pilares de la Iglesia. En Cáritas, tenemos programas para mujeres en situación de riesgo (también trabajan con ellas las Adoratrices). Las primeras asociaciones que trabajaron en atención a menores fueron Salesianos y Cáritas. También está ahí el comedor social de Cáritas con apoyo del Concello y la atención a inmigrantes e inserción social, y no debemos olvidar la gran labor de las parroquias.

¿No cree que hay cierta neutralidad religiosa entre los católicos?

En parte es verdad. En el aniversario del tratado de Roma el papa insistía en que Europa tiene raíces cristianas. No podemos olvidar que los mejores valores que ha dado Europa al mundo han sido la dignidad, la centralidad, la solidaridad, la fraternidad... Esto no es de la Revolución francesa, esto surge de las raíces cristianas de Europa.

¿Pérdida de valores quizás?

Sí. Hablamos mucho de tener valores pero los valores deben tener raíz profunda. Se está supeditando la persona a la economía cuando debería ser al revés. En Europa, se ha perdido la centralidad en la persona , algo básico en el cristianismo. Perder eso y poner la centralidad en la economía es peligroso. Ya vemos lo que está pasando y no es necesario mirar hacia EEUU. Está interesando que la economía vaya muy bien mientras las personas van quedando por el camino.

¿Qué decirle a los ourensanos?

Como rector del seminario me dirijo a los jóvenes y las familias cristianas para decirles que Dios sigue llamando y que la vocación sacerdotal es algo maravilloso y que puede hacer muy feliz a muchas personas. Como delegado de Cáritas, les pediría que sigamos manteniendo la solidaridad y cercanía hacia nuestros vecinos, que no nos hagamos individualistas, que no nos enfriemos y que nuestro corazón siga caldeado por las necesidades de los que tenemos a nuestro lado. Eso hará que hagamos una ciudad mejor. Es un mensaje para los ciudadanos de a pie y para todos los que trabajen en la política. Que no olviden que están gobernando para personas concretas y eso nos lleva a ver el mundo de otra manera.

¿Y a la gente joven en particular?

Estamos en un tiempo en que es necesario pararse a pensar. Este mundo está tan agitado que a veces las personas no tienen tiempo para parar y pensar en cual es el sentido de su vida, qué es lo importante en su vida y qué es lo que le hace feliz y le realiza. A los jóvenes hay que ayudarles a tener momentos de calma y serenidad para pensar un poco. Hay que mostrarles ideales grandes. Un joven debe tener un corazón grande y una gran ilusión por cambiar el mundo. Un joven que se contenta simplemente con sentirse bien, tiene el corazón empequeñecido.