POBREZA

El número de comidas que reparte Cáritas en Ourense se quintuplicó desde el 2013

La organización prepara 350 raciones diarias, debido al aumento de inmigrantes y a los bajos salarios y pensiones

El número de comidas que reparte Cáritas en Ourense se quintuplicó desde el 2013

El aumento de inmigrantes de países como Venezuela o Cuba, los coletazos de la crisis económica que irrumpió en España en 2008 y las bajas pensiones y salarios han provocado el aumento exponencial de las comidas que reparte Cáritas en los últimos tiempos. Durante el mes de agosto el comedor hizo frente a una media de 350 raciones alimenticias diarias, con picos de 397, frente a las 230 que se servían en la primera mitad de este 2018. El incremento es más llamativo si se comparan los datos con los de los peores años de la crisis: en 2013, Cáritas ofrecía una media de 60 raciones diarias. Tal y como explican Lucía Varela y Ana Vázquez, responsables del servicio de alimentación de Cáritas, el número de personas que precisan de este servicio para alimentarse aumenta cada vez más en la provincia. 

"Ya en los meses de mayo y junio se empieza a ver el aumento de usuarios, pero en el mes de agosto llegamos a números rojos", explica Lucía Varela, responsable del área de atención social del comedor. "Es una barbaridad", añade su compañera Ana Vázquez. El crecimiento se aprecia de forma notable al comparar los datos del 2018 con los del año anterior, tal y como explica Varela: "En el mes de agosto de 2017 servimos 7.159 raciones en total, mientras que en el mismo mes de este año servimos 9.406". Los números se mantuvieron durante el mes de septiembre, con un total de 9.456 raciones, así como en el mes de octubre. 


NUEVOS PERFILES 


Lucía Varela trabaja en Cáritas desde hace más de 20 años, y desde sus inicios ayudó a familias en riesgo de exclusión social. "Se nota muchísimo un aumento de personas extranjeras desde hace meses, fundamentalmente de Venezuela, aunque de Cuba también", explica. Varela deja claro que no se trata de personas "empobrecidas en su país", sino que al llegar aquí se encuentran una situación "difícil" desde el punto de vista económico. 

"Si llevábamos tiempo atendiendo a varios miembros de una misma familia, ahora el número de raciones aumenta porque por fin consiguieron traer a sus hijos o a sus padres", aporta Ana Vázquez, responsable del área de suministro del comedor. "De llevarse dos raciones para comer y dos para cenar, algunos pasan a llevarse seis más seis, porque han llegado cuatro personas más", puntualiza. Cuando las familias extranjeras llegan a Ourense, piden cita con los trabajadores sociales del Concello para acreditar su situación y pedir la prestación alimentaria, que se traduce en bonos que cubren comidas. No obstante, el "colapso" de los servicios sociales provoca "largas" listas de espera que pueden llegar a demorarse cuatro meses. "Nosotros los atendemos mientras no llega el día de la cita, porque no pueden estar en esa situación tanto tiempo", señala Varela. 

Por otra parte, ha aparecido el perfil de los trabajadores que no pueden hacer frente a los gastos básicos del mes. "Hay familias de cinco miembros con un sueldo de 700 u 800 euros que no les llega, por eso vienen. Aunque quizás no se les apoya en todas las comidas, sí en algunas, sobre todo a final de mes", comenta la encargada de asuntos sociales. "Y también hay personas con trabajo bien remunerado que tienen un mes puntual en el que no llegan, como cuando tienen que comprar los libros de texto a sus hijos, o se le juntan gastos... Hay muchas circunstancias distintas", añade. 

El número de beneficiarios que viven en la calle también se ha incrementado durante los últimos años, tal y como han percibido las trabajadoras. "Desde la ola de frío de finales de 2016 habilitamos una sala de espera para el tiempo entre el desayuno y la comida, porque nos dimos cuenta de que mucha gente no tenía un lugar al que ir", explica Vázquez. Además, señalan el aumento de los pensionistas que no pueden sostenerse económicamente con su prestación de la jubilación. "Gente de casi 80 años se va a vivir a una habitación porque no se pueden permitir otra cosa, y tienen que venir aquí a comer", comenta Varela.


FUTURO 


"No parece que la situación vaya a cambiar teniendo en cuenta como estamos desde el mes de agosto", dice Vázquez. "Nosotras estamos viendo que cada vez hay más usuarios, más necesidad", comparte Varela. ¿Soluciones? "Tendría que haber más trabajo", dice Vázquez. "Más y mejor remunerado", puntualiza Varela. Las dos trabajadoras remarcan que el comedor social sale adelante gracias al trabajo desinteresado de multitud de voluntarios, desde personas adultas hasta niños o adolescentes.