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DE PASEO
Castro Caldelas, punto de partida y llegada de una primera parte de un camino en dos tramos dividido, el primero de casi 6 kilómetros, y el segundo de 15, pero es en el primer tramo donde incidimos, que a pesar de su brevedad, es realmente un extraordinario muestrario de lo que los sentidos pueden disfrutar en tan corto trayecto.
Mosteiro de Camba
Iniciamos la salida de un caminata bien señalizada en la misma villa, al lado de la iglesia, cuando recorridos como dos centenares de metros hay un cartel que a la izquierda indica, en fondo morado, mosteiro de Camba. Hay que ir atentos pues muy pronto un poste indicador nos envía hacia abajo, dejando el asfalto
Llegamos a lo que queda del monasterio, la iglesia, después de salir de meternos por un amenísimo camino con arbolado dosel entre carballos y abedules. De repente se nos muestra la iglesia con su barroca torre, que sobre cimientos de otra anterior cuando, probablemente en el siglo X pasó a la diócesis de Astorga, que la poblaría con clérigos no se sabe si agustinos o benedictinos, como abadía seglar la cual llegaría a ser comunidad de solamente abad desde el XIV al XV, según el libro "Monasterios de Galicia na Idade Media", del investigador y profesor de la Uvigo, Francisco Javier Pérez Rguez.
Ponte da táboas
Merece breve detención para continuar por camino en bajada hacia el rio Edo, pasando por densísimo bosque hasta ser interpuestos por las someras aguas del rio Edo, en el que fue ponte das Táboas, pasarela entre piedras y ahora puente poldrado de reciente colocación para el camino, el cual pasado entre avellanos, complementamos el itinerario yendo al inmediato surgiente de sulfurosas aguas de Fonte da Piñeira, que así se llama el regato a sus pies, nutricio del Edo, que ambos brotan en las faldas de la Serra do Burgo o Caldeliña. Estas aguas para beber dicen que con propiedades curativas para los males de la piel, intestinales y alguno más, tal vez renales.
Área fluvial
Cuando pasamos bajo la carretera nacional a Trives nos adentramos en amurado camino entre carballos, pasamos la carretera a Mazaira, y ya entramos en el área recreativa de Ponte das Táboas, que por este tiempo ofrece un muestrario multicolor en sus prunos, arces, plátanos, roble americano, castaños, abedules en torno a su piscina flanqueada por edificio a bar dedicado. Siguiendo el curso del rio Edo, una senda fluvial bien acondicionada, de más pesca (cuando había) que camino, te lleva por las delicias de las rumorosas aguas emboscadas donde puedes encontrarte con un mirlo acuático huidizo y sumergiéndose de continuo para atrapar sus presas en formas de insectos acuáticos. Por más de un kilómetro de goce continuo se muere el camino en el puente del Miño de Ponte cuando poco antes se pasaba por el de O Vao, y al lado, otro puente indicativo de que se comunicaban las gentes abreviando por aquí.
Por ladera al castro
Pasada la carretera comienza dura subida, a veces de mucha inclinación por sendero, avistando al fondo la llamada minicentral del Edo causante de no pocos problemas para el rio y rentas para sus propietarios. Nos encontramos ya en térrea pista alfombrada de hojas del castaño, sin que los muros falten cuando hacemos un esfuerzo para superar la última rampa al Castro, accediendo al mismo corazón de la villa.
La otra parte del camino de 15 kilómetros, queda para otra ocasión.
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