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EN OURENSE
Hartazgo del frenético ritmo de la ciudad, mejor calidad de vida, mayor seguridad y una crianza en libertad para sus hijos son algunos de los motivos que alegan los jóvenes para abandonar las grandes urbes y mudarse al rural ourensano. Son los llamados "neorrurales".
Virginia y Carlos, ella madrileña y él vasco, tenían claro que no querían vivir, ni tener hijos, en una ciudad. "En unas vacaciones, que veníamos mucho a Galicia, nos dio el arrebato", cuenta Virginia. La casa en la que se instalaron, en septiembre de 2012, era de la abuela de Carlos. Estaba en venta y la pareja no dudó en aprovechar la ocasión. En cuestión de un mes, se mudaron a Acevedo - en Xunqueira de Ambía-, fueron padres, por primera vez, y montaron su propio negocio.
Desde entonces, regentan la taberna de Acevedo y dieron una hermanita, Lucía, al pequeño Mikel. "Estamos super felices de vivir aquí, es una maravilla criar a nuestros pequeños en Acevedo. Tenemos nuestra huerta para suministrar a la taberna productos 100% ecológicos", comenta la madrileña.
La historia de Lhosca y Analía es muy similar a la de Carlos y Virginia. Antes de mudarse a San Mamede -en Allariz-, residieron en Vigo, Ourense y Santiago. En esta aldea nacieron sus hijos Artai y Naira, aunque, precisamente por ellos, se plantean regresar a la ciudad. "Aquí non hai máis nenos", argumenta Lhosca.
Peculiar es el caso de Iván y Jesús, que conviven con otros siete compañeros, en una enorme casa de Os Blancos. La que iba a ser la casa consistorial pasó a ser la de este grupo de licenciados en Bellas Artes. Allí crearon el Espacio Matrioska, un proyecto de dinamización cultural.
Sergio, en cambio, volvió a la aldea de Poedo -en Baños de Molgas- por problemas económicos. Tras pasar por varias ciudades españolas, e incluso del extranjero, retornó al nido materno. Sí es cierto que a este joven nunca le gustó la ciudad, donde "todo é gris, coches e cemento".
"Ahora respiro aire fresco"
Cuando vivían en Madrid, Carlos era técnico de sonido, y Virginia gestionaba un hostal familiar. Al
emprender el cambio de sus vidas, él comenzó a hacer cursos de cocina y ella se especializó como camarera. Juntos inauguraron la Taberna de Acevedo. No cambian su vida por nada. "Ahora mismo estoy en mi jardín, respirando aire fresco, oigo a los pajarillos, y todo, mientras charlo contigo", dice Virginia.
"Buscabamos tranquilidade"
La de Lhosca y Analía fue una decisión en pareja. "Buscabamos a tranquilidade, un entorno mái
s agradable, cultivar unha hortiña", confiesa Lhosca. Con 35 y 27 años, en 2005, se mudaron a San Mamede. Ahora son padres de un niño y una niña, de 4 y un año, y están cuestionándose permanecer en el rural. "Xusto o entorno no que estamos, está algo afastado para os nenos".
"¡Los vecinos nos conocen!"
Iván es natural de Xinzo de Limia, y Jesús, de Madrid. Se conocieron, en la capital, como
universitarios. "Non volvín so, senón con oito persoas máis, todas de Madrid, coa intención de montar aquí -en Os Blancos- algo", explica Iván. Ese "algo" es el Espacio Matrioska. "Siempre he necesitado vivir en el rural", cuenta Jesús. Lo que más les sorprende de la aldea es que "¡los vecinos les conocen!".
"Sempre me gustou o rural"
La pequeña aldea de Poedo, en Baños de Molgas, todavía resiste a la despoblación. Sergio es
uno de sus 40 vecinos, la mayoría ancianos. "Os novos imos traballar fóra, e os maiores manteñen os constumes labregos. Aquí aínda quedan dous burros", dice el joven, que llegó al rural después de vivir en Barcelona, Canarias y México. "Sempre me gustou máis o rural que o urbano", confiesa.
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