Celanova

Los “curros" hacen piña

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Los “curros" hacen piña

Los escolares de los centros Curros Enríquez de A Coruña, Celanova y Pazos de Borbén posan en el Claustro Barroco celanovés.
photo_cameraLos escolares de los centros Curros Enríquez de A Coruña, Celanova y Pazos de Borbén posan en el Claustro Barroco celanovés.

"Unha noite na eira do trigo" fue la banda sonora, ayer en la villa de San Rosendo, de la jornada de convivencia entre más de un centenar de escolares de los centros gallegos que llevan el nombre de Manuel Curros Enríquez. 

Manuel Curros Enríquez, a través de sus textos, relatos y poesías, ejerció ayer de guía omnipresente en las visitas realizadas por más de un centenar de alumnos de Primaria de los colegios Curros Enríquez de Celanova, A Coruña y Pazos de Borbén (Pontevedra) a su villa natal, con motivo de la jornada de convivencia organizada desde la Casa dos Poetas.

A lo largo del día, los menores participaron en varias actividades para conocer el amplio y variado patrimonio monumental, incluido el programa de conciertos didácticos de órgano impartido por la organista Marisol Mendive. "Queremos ensinar Celanova e os lugares vinculados ao escritor que dá nome ao centro. É tamén unha escusa para que desde os centros traballen ao autor e, no caso dos de Celanova, que constaten con orgullo que a figura de Curros Enríquez non queda no ámbito local", resaltaba Paula Conde, responsable de la Casa dos Poetas, quien sorprendió a los asistentes con una gran tarta para conmemorar la décima visita anual que ayer materializaron desde el centro coruñés. 

La jornada, que va por su novena edición, mantiene intacto ese sentimiento de convivencia y "de ver outras formas diferentes de vida, no rural ou as grandes cidades, no interior ou a zona de costa", comentaba Fran Pérez, profesor de Pazos de Borbén, cuyo alumnado puso voz y música al poema "Cantiga" que Curros Enríquez escribió en el año 1869. 


Un privilegio


Desde la Fundación Curros Enríquez, el presidente y alcalde de Celanova, José Luis Ferro Iglesias, señaló que "sempre son importantes as actividades que traian xente ao pobo, pero máis neste caso porque serán os turistas do futuro. Estas excursións deixan un pouso ao longo da vida que fai que, ao cabo dos anos, queiras volver cos teus amigos ou familia".

Colarse en la "lareira" de los Enríquez o descubrir la diminuta capilla de San Miguel fueron dos de los aspectos que más gustaron a los escolares de A Coruña y Pontevedra. "Case non entran dúas persoas", comentaban Paula y Uxía. Para los de Celanova, poder escuchar el órgano y tocar una pieza conjunta "é un privilexio do que non todos os celanovenses gozaron", dijo el profesor Juanjo Lamelas. Un regalo para los oídos que destacaban también sus homólogos de A Coruña y Pontevedra en el transcurso de la comida de confraternización celebrada, a base de bocadillos y refrescos, en el Claustro Barroco. 

El espacio fue testigo, tras unos minutos de casi obligada timidez, de como los juegos rompieron las barreras entre los escolares haciendo que, por un día, todos los "currosianos" se sintieran de Celanova.

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