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El museo municipal airea sus fondos

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El museo municipal airea sus fondos

Vista general de la sala.
photo_camera Vista general de la sala.

Se han renovado las muestras temporales en el Museo Municipal, lo que es una buena nueva para el panorama artístico de la ciudad, hecho que no sucedía desde septiembre pasado. En lo principal de sus tres plantas presenta una muy amplia muestra de los fondos de arte que guarda en sus entrañas, obras conseguidas por compra, a veces, y más frecuentemente por donación, una acción desde la que los artistas conseguían entrar en el calendario anual de exposiciones y hacer catálogo. Así ha venido siendo. Se presenta ahora una macro exposición, que contiene catorce obras en la planta principal y veinte en el primer piso, de lo que resulta el más amplio conjunto reunido en todas las que bajo el epígrafe de “Os nosos fondos” se han hecho. Fue esta una idea de la concejalía de Isabel Pérez desde la Tenencia de Alcaldía, en la época del gobierno bipartito BNG-PSOE, haciéndose realidad en los años 2008, 2009, 2010 y 2011, en que concluyó con una monográfica dedicada al Riverside Artits Group. Regresa ahora, con simetría histórica, por el nuevo bipartito municipal, PP-DO, una apuesta desde la cocina por mostrar un camino recorrido. Eva Torres Rodríguez, directora ya cuando comenzaron a ser expuestos, reconocía hace una década tener 1.213 obras, siendo ahora 1.306 las obras registradas.Femme se coiffent, de CándidoFernández Mazas

EN LA PLANTA BAJA

Reciben al espectador interesado un significado elenco de diez pinturas y cuatro esculturas. Abre el recorrido “El baño” de Manuel Prego de Oliver, siendo la última “Femme se coiffent” de Cándido Fernández Mazas. En la zona nuclear dispone la directora, que es la curator, la “Sibila” en bronce de Xosé Cid Menor, frente al valle da Rabeda, espléndido dibujo de Virgilio Fernández, antes de firmar con sus iniciales, Vfc, y en los otros ángulos de la sala, la “Serea” de Manuel García “de Buciños”, bronce y piedra, y la “Bordadora”, gran talla de Acisclo Manzano Freire: ambas escoltan a la pièce de resistence de la muestra desde sus 1,80 por 2,90 m., Mi casa, 1968, de Xaime Quessada cuando aún era Jaime Quesada, en la que el gran artista plasma en clave ensoñadora el salón de casa en el que su madre daba clases de música a las niñas burguesas de aquel Ourense franquista en la calle Lamas Carvajal, donde al Liceo... Frente a ella, “Estampa galaica” de José Seijo Rubio, pintura que evoca otros tiempos, al igual que el Caldeireiro de Celia Cortés Rivas y los “Palleiros” de Manuel Torres Martínez, pintor de Marín (Pontevedra). En la pintura de paisaje los espléndidos “Cerros” de Julia Relinque Ferrater, y “Cabeza de Manzaneda” de Miguel Ángel Martínez Coello. Esta última tiene el privilegio de ser la primera en el asiento de los fondos, entrando como compra en 1972, tras ser aprobada en Comisión Permanente. Un buen bodegón de Luís Vázquez Trabazo nos predispone hacia la salida, interrumpida por un sobredimensionado Gordo de Ramón Conde Bermúdez, que parece dialogar con la talla “Altruista” (formándose), de Toño Monteiro de Lobios, escultura que se halla donde solía, a la entrada.

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