Emilio Peral: “Los progresistas y los reaccionarios se alarman por cualquier cosa”

Emilio Peral Vega es doctor en Filología Hispánica y catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

Publicado: 18 oct 2023 - 08:00 Actualizado: 18 oct 2023 - 13:04
Emilio Peral Vega, en primer plano.
Emilio Peral Vega, en primer plano.

Emilio Peral Vega (1974) es doctor en Filología Hispánica y un enamorado de la literatura, especialmente de Federico García Lorca, su autor favorito “sin ningún género de dudas” y al que ha dedicado más de 20 años de su vida. Su pasión por la lectura llegó de la mano de “La historia interminable”, de Michael Ende, aunque su libro favorito también es del autor andaluz: “El público”, una obra teatral que habla acerca de cómo el teatro ayuda -y ayudó a Lorca- a desvelar nuestros secretos más ocultos.

El Foro se centrará en una de las obras de Eduardo Blanco Amor, “Los miedos”. ¿Qué la hace tan interesante para que se haya fijado en ella?

Creo que era una asignatura pendiente que Blanco Amor se dé a conocer fuera de Galicia, ya que en el resto de España es muy olvidado. Y muy infravalorado en cuanto a su producción en castellano. Tiene dos novelas excepcionales, que, de ser más conocidas, entrarían en el canon de la mejor literatura española del siglo XX. Son “La catedral y el Miño” y “Los miedos”. Llevo estudiando a Blanco Amor desde que hice mi tesis doctoral, hace más de 20 años, y me había puesto como asignatura reivindicar esas dos novelas más allá de Galicia. Así, la colección de clásicos de letras hispánicas de la editorial Cátedra se interesó en ella y fue una oportunidad que no se podía dejar pasar.

¿Y hablando de la novela en particular?

Me parece muy interesante por dos motivos: por un lado, por su modo de escritura. Es una novela de aprendizaje, narrada desde la perspectiva de un chaval de 10 años que va creciendo con la novela. Esta perspectiva está muy trabajada por parte de Blanco Amor, algo que no suele ser habitual. Las novelas de aprendizaje acaban siendo una proyección de una mirada adulta, esto es, una especie de trampa, una mirada adulta camuflada. En el caso de Blanco Amor sí vemos a través de los ojos del niño. Y la otra cuestión es que es una novela muy avanzada para la época. La terminó en el 61 y la presentó al premio Nadal. Cabe recordar que en la España de la época era muy poco probable que esta novela ganase un premio así, ya que hablaba del surgimiento de los miedos para un niño, pero también del nacimiento de una especie de mirada sexual. Es un niño que se adentra en la vida adulta y descubre, con temor, las relaciones entre los mayores. Es una especie de preatracción homosexual que se sugiere en toda la novela.

Esta novela sufrió la censura, un tema que vuelve a ser de actualidad muchos años después. ¿Teme que vuelva algo semejante a la censura?

No creo que estemos en riesgo de que exista una censura como la que existió. Otra cosa muy distinta es que estemos viviendo una época extraordinariamente paleta. Y lo digo por ambos lados. Las partes más reaccionarias se asustan con muy poco y por determinadas cosas; y el lado más “progresista” también se asusta por cualquier cosa siempre que en las obras artísticas no vean reflejada su ideología. Ambas son especies de censura muy peligrosas y que incluso pueden provocar la autocensura. Creo que el autor debe ser libre de decir lo que quiera en cualquier momento. Hay autores que cambian su forma de contar o de decir las cosas por las polémicas que puede generar.

Hemos conocido hace pocos días la ganadora del premio Planeta y hay quien pone en duda su legitimidad. ¿Qué opinión le merece este premio?

No hay que rasgarse las vestiduras por estos temas. Todos los que están en el mundo de la cultura y la investigación deben saber filtrar lo que vende y alcanza los medios y lo que puede interesarle. El problema es que hay muchas personas que no tienen tanta relación con la cultura que pueden tener la tentación de pensar que la alta cultura es eso. Esto no es nuevo. Lo que tenía éxito a principios del XX, en la época de las generaciones del 98 o del 27, no era el teatro de Lorca, eran las zarzuelas pequeñas y otras piezas.

Esto es, lo popular no tiene por qué ser lo bueno.

En una era de absoluta información hay muy pocos filtros y muy poca información sesuda sobre la cultura. Antes existía en los suplementos culturales de los periódicos, en las revistas literarias… El problema es que no tenemos esos filtros y podemos pensar que la mejor novela del año es la que gana el premio Planeta o el Primavera.

¿Cómo definiría, de forma breve, a Blanco Amor?

Es un autor al margen del tiempo, que escribe de forma elegante, pero obviando las modas y que merecería, por la calidad de sus obras tanto teatrales como novelísticas, más reconocimiento por parte de los españoles no gallegos. Si le dieran una oportunidad descubrirían a un autor de primer orden.

Que no tendría que envidiar a ninguno de los clásicos de la literatura española.

No tiene nada que envidiar a sus contemporáneos. Está a la misma altura que Camilo José Cela o Luis Martín Santos.

Personajes que han tenido mucha más repercusión a nivel nacional.

Ese es el problema. Vivimos en un país un poco desquiciado en ese sentido. Por eso me alegro de que “A Esmorga” haya tenido tanto éxito. Me da mucha pena que las obras que decidió escribir en castellano hayan pasado tan desapercibidas.

¿Qué relevancia tiene la literatura en la sociedad? De cien conversaciones cotidianas, ¿cuántas van sobre literatura?

Mi visión es de un profesor de filología española. Creo que de literatura, en mayúsculas, se habla poco; pero creo que de literatura se habla bastante. Aunque esta no sea la que yo de en mis clases o la que vaya a quedar para la posteridad. Se habla mucho de libros, porque lo más importante en la vida es lo que no tiene una utilidad práctica inmediata. Lo que nos hace seres humanos es lo que tiene que ver con la pasión, la emoción… y de eso se ocupa la cultura.

¿Cómo descubrió su amor por la literatura?

Mi amor por la literatura viene desde que era niño. No crecí con una biblioteca en mi casa, y eso dificulta las cosas. Pero tenía una biblioteca a mi alcance: la de mi pueblo. Descubrí mi pasión por la literatura porque leer me permitía descubrir mundos que de otra manera sería imposible alcanzar para un chaval como yo.

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