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Los emperadores efímeros de Roma

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HISTORIA

Los emperadores efímeros de Roma

El emperador Didio Juliano.
photo_camera El emperador Didio Juliano.

Entre el inicio del siglo I y finales del II se sucedieron en Roma emperadores que se mantuvieron en el poder durante años

Ocurrió en especial en dos períodos concretos, en otras tantas crisis, una con el final de la familia Julia-Claudia, en el año 69, y otra con la caída de la tercera dinastía, los Antoninos, en 190. Después llegaría una cuarta estirpe  imperial, los Severos, y a continuación la anarquía militar, con emperadores que se fueron superponiendo en una Roma en decadencia absoluta. Y que pese a ello todavía se mantuvo en pie durante otros 250 años, lo que prueba la solidez de sus cimientos.

DibujoEn el año  68 Nerón se vio obligado a suicidarse abandonado por todos y tras ser declarado enemigo del Estado por el Senado, lo que suponía la condena a una muerte atroz. Al parecer se ayudó de un esclavo para acabar con su vida. En ese momento ya había sido proclamado emperador en Hispania el general Galba, quien avanzó con el ejército hacia Roma. Era mediados del 68 y el siguiente, el 69, pasaría a la historia como el año de los cuatro emperadores. El primero, Galba, quien al frente de dos de sus legiones llegó a Roma para ser asesinado a continuación, el 15 de enero a los 72 años. Para entonces ya había adquirido fama de avaro y rechazado por el ejército que le había aupado. Lo que propició que mientras en Germania dos legiones nombraran emperador a su comandante, Vitelio, otro hombre de peso, Marco Salvio Otón, desertaba de Galba cuando conoció que no iba a ser su heredero. Galba todavía estaba vivo, pero Otón decidió negociar con los pretorianos y senadores, según cuenta Plutarco. Fue asesinado y Otón elevado al trono.120 personas se inculparon de la muerte del efímero emperador para ganar el favor del nuevo monarca. Era enero: dos meses después, el propio Otón era asesinado.

El conflicto entre Otón y Vitelio se resolvió con rapidez a favor del segundo y el asesinato del primero, pero poco pudo disfrutar éste de la púrpura, que llevó durante unos seis meses. Aunque le dio tiempo para ordenar la muerte de los 120. Apenas unas semanas más tarde de su designación, de nuevo las legiones decidían cambiar el trono y esta vez a favor de uno de los suyos, Tito Flavio Vespasiano, comandante en jefe del ejército en Palestina, donde Roma había iniciado una expedición definitiva de castigo contra la población, que se había levantado convencida de la llegada del Mesías. Uno de sus líderes, Joseph Ben Mattiyahu,  acabó rindiéndose ante Vespasiano, le perdonó la vida y lo adoptó en su familia como Flavio Josefo cuando le auguró que sería emperador. Y lo fue: poco después el ejército le ofreció la corona y  marchó a Roma, dejando a su hijo Tito al frente de las legiones, quien completaría la destrucción total del Templo –contra su voluntad, al parecer- y la expulsión de los judíos por el mundo. Vespasiano llegó a finales del año 69, fundando la segunda dinastía, que dio tres emperadores. Y murió en la cama, de enfermedad. Quizá fue el primero de los monarcas imperiales que lo logró ya que hay dudas sobre un posible envenenamiento de Augusto –probablemente sea falso- y de la asfixia de Tiberio por un servidor de Calígula.

El siglo II estuvo presidido por la dinastía de los Antoninos o los “emperadores buenos”, que se sucedieron unos a otros sin excesivos problemas. Ninguno era hijo del anterior salvo en el último relevo, cuando Marco Aurelio le dio en herencia el trono a Comodo. Hay mucha leyenda negra sobre el joven emperador pero datos ciertos: fue un hombre cruel, el primero que hizo de gladiador en el Coliseo y acabó asesinado el últimos días de 192, dando paso a otra anarquía. En 193, dos emperadores, ambos efímeros, de nuevo aupados por el ejército. Pertinax sólo pudo reinar 90 días y fue asesinado por los pretorianos, que a continuación subastaron el trono, alcanzando así la púrpura Didio Juliano. Era demasiado incluso para Roma y el enésimo levantamiento llevó a la capital a Septimio Severo -fundador de la cuarta dinastía, los Severos- quien ordenó la ejecución de Didio Juliano cuando llevaba menos de tres meses. No había matado a nadie, pero ya era todo igual.