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Una parte importante de la población de Castrelo de Miño volvió a sufrir las consecuencias de la contaminación del agua de la traída por arsénico. Afectó a las localidades de Cortiñas, Costa, Nogueiredo, Padreiro, Pazo, Ponte, Rial, Santa María, Toledo, Paradela y en Barral, en el tramo de la avenida del Concello, debido a un fallo en los filtros que se habían instalado hace algunos meses por ese motivo. La situación se prolongó desde el 26 de julio hasta el pasado día 12 de agosto y, en consecuencia, el Concello dispuso de garrafas de agua para que los vecinos pudiesen beber y cocinar hasta que se reparó la deficiencia.
El alcalde, Avelino Pazos, señalaba que a raíz de lo ocurrido, la empresa gestora del agua, Aquaourense, solicitó un informe a la que instaló los filtros, financiados por la Diputación provincial, con el fin de que no se vuelvan a producir fallos. Al mismo tiempo, las autoridades municipales agilizan el proyecto de una nueva captación desde el río Miño, para lo cual Augas de Galicia encargó la redacción del proyecto técnico cuya ejecución podrá llegar a rondar los dos millones de euros.
La nueva contaminación de arsénico agiliza el proceso, según señala Avelino Pazos, quien asegura que la redacción del proyecto está prácticamente acabada y que solamente está pendiente de localizar el lugar idóneo para ubicar la maquinaria del bombeo y la depuradora de aguas.
Al respecto, indicó el regidor que se necesitan sobre 1.000 metros cuadrados y que la intención inicial consiste en dirigir el agua desde la nueva captación al depósito de Traveso, que es el de mayor capacidad del municipio, con tres millones de litros, para desde allí distribuirla a los demás depósitos, sin descartar incluso la construcción de uno nuevo como refuerzo.
El fallo en los filtros se debió a la pérdida del 30% de la arena que impide el paso del arsénico, que los responsables municipales esperan se solucione definitivamente una vez que la empresa realice el correspondiente estudio para evitarlo.
En octubre de 2019, Sanidade detectaba el arsénico por encima de la medida recomendada, por cuyo motivo, al igual que ahora, el Concello sacó un bando advirtiendo a la población afectada por el abastecimiento desde Coto Novelle, al mismo tiempo que disponía de garrafas para suplir la carencia. La Diputación se hizo cargo de la instalación de los filtros, aunque fue necesario esperar hasta mayo de 2020 para poder disponer de nuevo de agua potable.
Por aquel entonces, el anterior gobierno del BNG, ya consideraba necesario realizar una nueva captación, señalando que los filtros no eran la solución definitiva como quedó demostrado en este fallo que dejó a una buena parte de la población sin agua casi 20 días.
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