130 años de cortes clásicos e historias interminables
La barbería Royver lleva abierta desde 1893 en la ciudad. Desde entonces funciona como un lugar de acompañamiento, debate y cortes de pelo clásicos para la fiel clientela que acude al negocio.
La barbería Royver ocupa el mismo lugar en la avenida de Zamora desde 1893. Aunque quizá pasa desapercibida a la vista de muchos, sus clientes habituales no la cambiarían por los negocios emergentes: además de conseguir un corte clásico acuden para viajar en el tiempo.
En sus 13 metros cuadrados se encuentran auténticas reliquias. Antiguos instrumentos de peinado, navajas, pósteres con modelos que llevan posando en ellos desde los 80 y un banco llenan el negocio. Aunque la barbería se traspasó a lo largo de tres generaciones, los muebles y utensilios siguen cumpliendo su función: “Hasta que llegó la pandemia, esto era un lugar de reunión. Mientras un cliente se sentaba para que le cortase el pelo, otros tres esperaban en el banco y allí pasábamos toda la mañana; algunos ni se peinaban. Era un lugar de acompañamiento”, recuerda la actual propietaria.
Esto ocurre desde que, su fundador, el joven Odilo, abrió las puertas de Royver 130 años atrás. Era un profesional de oficio, en su casa le enseñaron los secretos y técnicas del gremio desde que era un niño. Cuando maduró, abrió su negocio y trabajó allí 60 años. Tras él vino Delmiro, que pasó más de cinco décadas cortando el pelo a los caballeros y, por último, llegó Verónica, quien actualmente posee Royver.
Cuando comenzó era una desconocida para muchos de los ocupantes del banco: “Les sorprendía ver a una mujer con la navaja en la mano. Me preguntaban varias veces si sé cortar el pelo y afeitar bien porque nunca antes les había atendido una mujer”, relata. Sin embargo, afirma que una vez que prueban siempre se van contentos.
Verónica dio clases de peluquería, peinó en residencias de ancianos y trabajó en el Hogar del Pensionista, donde se especializó en el corte clásico o parisino. “Me gusta la gente mayor, tengo clientes de hasta 90 años a los que les gusta venir porque se acuerdan de su infancia, cuando venían a la misma barbería”, indica.
La propietaria observa que la moda en los cortes de pelo evoluciona en forma de espiral. “Ahora están de moda peinados que ya vimos en el pasado, como el corte degradado o el bacinilla, todo se va repitiendo”. Sin embargo, a Verónica, su fiel clientela -heredada de Delmiro o de su anterior trabajo- suelen pedirle cortes “de toda la vida”.
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