Manuel Campo Vidal: "En Europa no vale el llanto ante la despoblación, es hora de proyectos"
Entrevista
El periodista y colaborador de La Región publica "La España despoblada. Crónicas de emigración, abandono y esperanza", donde hace un diagnóstico del problema y aporta soluciones para frenar el declive demográfico.
El periodista y colaborador de La Región Manuel Campo Vidal acaba de publicar el libro "La España despoblada. Crónicas de emigración, abandono y esperanza", en el que, también como emigrante, cuenta la historia de los que abandonaron sus raíces, y como presidente del Next Educación y creador de la Cátedra del Reto Demográfico y la Despoblación, hace un diagnóstico del problema y aporta soluciones para frenar el declive demográfico. "Empecé a pensar en escribir este libro en la manifestación del 31 de marzo de 2019 . Desfilábamos por La Castellana unas 150.000 personas, gente de todas las provincias castigadas. Vi que aquello estaba eclosionando. Es la historia de mi vida. Fui un emigrante aragonés a Barcelona y después emigrante laboral a Madrid. Es la historia de tantos gallegos que fueron a América o a Cataluña, andaluces que fueron a Cataluña o País Vasco..."
La despoblación suena a actual...
Empieza antes de mitad del siglo XIX, especialmente en Galicia. Hay un año, 1841, el "ano da fame", que fue terrible. Se estropearon las cosechas por razones meteorológicas y la gente salió como podía. Antes de terminar el siglo se había ido un millón, principalmente a América. A inicio del siglo XX, otro millón. Galicia tenía más población que Cataluña y ahora tiene un tercio.
¿Por qué da la impresión de que los catalanes no emigraban y los gallegos estaban predestinados?
Los catalanes sí emigraban a América antes de la Revolución Industrial, de ahí apellidos catalanes conocidos, como Bacardí, Barceló... Se ha documentado que España y, de forma especial, Galicia, tenían una densidad de población superior a la media europea en el siglo XIX. Por muchas razones. Por falta de cultura respecto al control natural de la natalidad, también. Hay otras razones, como que no hubiera un único heredero en las familias y la propiedad de la tierra se dividiese y dividiese... Puestos a emigrar, los gallegos tenían dos opciones: o subían a un barco e iban a América o cruzaban las montañas. Muchos optaron por lo fácil, subir al barco.
Dos años de cátedra de despoblación. ¿Qué ha cambiado?
El año 2019 fue el de la eclosión del problema. Primero, la manifestación del 31 de marzo, después un "paro por mi pueblo" el 4 de octubre en la que tocaron a rebato las campanas de media España, incluso las del Pilar, que no tocan casi nunca. Y luego, las elecciones del 10 de noviembre en que, contra todo pronóstico, se eligió un diputado de Teruel Existe. Y fue determinante para formar el Gobierno, si no quizás habría pasado desapercibido. 2020 es el año de las expectativas. Se crea el Ministerio del Reto Demográfico –extensión del de Transición Ecológica– y lo dirige un personaje importante, Paco Boya, que fue presidente de la Asociación de Pueblos de Montaña. Tenemos expectativas , conoce el territorio y puede ser eficaz.
En Ourense ya se ve un trasvase de población hacia el rural. ¿La pandemia ha dado el empujón?
Google ha dicho que uno de los términos más buscados ha sido "casa en pueblo". Hay mucha gente pensando en cruzar el arco voltaico entre la España hiperconcentrada y la despoblada. Aunque no sea masivo, es significativo. Es fundamental cubrir la posibilidad de que haya internet de calidad y parece que el Gobierno está empeñado en que así sea. Por otra parte, hay un agradecimiento del mundo urbano al rural, porque gracias a él no se ha cortado la cadena de suministro. Imagina si hubiese habido desabastecimiento y peleas por conseguir comida...
¿Cree que en la desescalada no se contó con el rural?
Uno de los problemas del mundo rural es que sufra leyes y normas hechas en ciudades y pensando en ciudades. En el decreto del estado de alarma inicial no tenía sentido que la gente no pudiera ir a su huerto a coger unas acelgas porque el decreto no permitía cultivos que no continuasen en la cadena alimentaria. Alguien le tendrá que decir al legislador que en muchos zonas rurales ese huerto es vital para la alimentación doméstica. Y que tiene menos problema un señor con una azada y un capazo en el huerto que otro subido en un autobús. En Reino Unido existe una "rural proofing", una lupa rural de gente que conoce el territorio. Cada ley debería pasar por una.
¿Sigue la discriminación?
Está empezando a cambiar. La subcultura popular dibujó al vecino de pueblo como un cateto con una boina que le tapaba los ojos. Pero la gente empieza a ver que a lo mejor los listos son los del pueblo. Las discriminaciones van reduciéndose y hay esperanza. 2021 debe ser el año de la concreción. Jugamos contrarreloj. En 10 años, muchos pueblos cerrarán.
Llegan los fondos de reconstrucción, ¿qué papel ha de jugar una provincia como Ourense?
Es una oportunidad, pero diputaciones, ayuntamientos y gobiernos regionales tienen que ponerse las pilas. Algunos lo han hecho, otros no. Hay soluciones tecnológicas, como llevar energía eléctrica o térmica partir de la fotovoltaica o de los deshechos de granjas. También se está aprovechando el cambio del alumbrado a LED para crear un ambiente wifi con el que dar servicio a vecinos y controlar contadores de agua, electricidad o la ocupación de los contenedores. Son soluciones tecnológicas que no son ciencia ficción Hay mucha gente pensando en el rural. Si este año lo utilizamos en buscar soluciones inteligentes, puede cambiar la situación.
¿No es un problema que el Gobierno centralice los fondos?
Hay diputaciones, ayuntamientos y comunidades que saben dónde se necesita la inversión y pueden desarrollar proyectos. Pero no se puede solo llorar. Hay que llorar con guion, con argumentos. Llorar proyectos. No vale la política del llanto, se necesitan propuestas. Me consultan todas las semanas pueblos y los encamino a una consultora o a empresas tecnológicas. Hay que ir documentados. Europa no va de lloros, va de proyectos. Si tienes proyectos inteligentes que resuelven problemas que la UE reconoce, y la despoblación le preocupa, Europa ayuda. Pero los fondos no están para hacer un local social para hablar de despoblación. El diagnóstico ya está, ahora interesan soluciones. Se ha iniciado un proceso serio y los alcaldes con más iniciativa van a poder transformar su municipio.
¿Ourense puede ser unlaboratorio demográfico?, por su envejecimiento. ¿Es una oportunidad?
Lo que le pasa Ourense le está pasando a Europa, pero Ourense va más adelantada. Lugo, Zamora y Ourense tienen más gente de 75 años que de 25. Eso no es una pirámide de edad, es un cuerpo extraño. Hay que dar respuesta a ese desafío y que aprovechar lo que tiene el territorio. Hay termalismo, ya que los balnearios asientan población en sus territorios. Hay una posibilidad de crear cooperativas para quedarse en el territorio, porque una start-up o multinacional se vende, pero la cooperativa está anclada. Se necesita una gran alianza entre administraciones, emprendedores, medios de comunicación y también grandes empresas que entienden el problema. La energía renovable también una oportunidad. La hidroeléctrica beneficiaba a tres, cuatro o cinco municipios, pero hay ejemplos de fotovoltaicas, eólicas o biomasa que podría beneficiar a muchos, una energía más democrática.
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