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Más allá de los servicios municipales, ¿qué opciones les quedan a las personas abocadas a sobrevivir en la calle? Cáritas y Cruz Roja son las dos principales entidades que les atienden. De la primera depende el comedor social y otros dos programas específicos de reinserción. La segunda se encarga de detectar personas en situación de calle, tratar con ellas y mediar con otras instituciones, como la Xunta.
"El primer escalón es el programa Afouteza, un servicio de acompañamiento integral para responder a sus necesidades, tanto las más básicas -comida, duchas o ropero- como la búsqueda de vivienda, el trámite de ayudas o la preparación de un currículo", explica la educadora social de Cáritas Paula Ribao. Desde la entidad mantienen conexión una telefónica 24 horas constante.
El segundo paso, para los que estén preparados, es el Centro de Transición a la Vida Autónoma, un piso de 10 plazas atendido los 365 días del año por un educador social. "Funciona como un piso compartido, se reparten las tareas, organizan actividades de ocio los fines de semana y se marca el ritmo para ayudar a los residentes a formarse y encontrar trabajo", comenta Ribao.
Por su parte, Cruz Roja atendió a alrededor de 250 personas sin hogar en 2020. Es un concepto algo más amplio que el de sin techo: "Se trata tanto de personas que pernoctan en la calle como de quienes se encuentran en alto riesgo de estarlo, con viviendas temporales", explica la trabajadora social Isis Sanmartín. Su compañero en Cruz Roja Diego Conde añade que "hay unas 35 personas sintecho en la ciudad, pero sin hogar son muchas más. Gente que habita restos de edificios, vive de la mendicidad, tiene que encerrarse en su habitación porque trapichean droga en su propia casa… A eso no se le puede llamar hogar y están al límite, sobreviviendo en un limbo".
Un mensaje claro: “Cualquiera puede acabar en la calle"
A la población general, las entidades le piden empatía: "Las personas sin hogar son invisibles, pero cada una de ellas tiene una historia. Se equivocan quienes les juzgan y creen que todos son drogadictos o alcohólicos", insiste Paula Ribao, de Cáritas. "En Ourense -añade- es un milagro encontrar un piso por menos de 400 euros, o una habitación que una persona que cobra la Risga pueda pagar", así que pide a los propietarios "poner su granito de arena" y ofrecer techo a precios asequibles.
Isis Sanmartín y Diego Conde, de Cruz Roja, tienen claro que "cualquiera puede acabar durmiendo en la calle". Sanmartín explica que "el perfil más común es un hombre de 35 a 50 años al que le han ocurrido varios sucesos traumáticos en su vida: problemas familiares o de salud, consumo de drogas, pérdida de familiares, divorcios... Y no suelen contar con una red de apoyo social ni familiar. De todos modos, no se ha escrito mucho al respecto, porque no es un sector que la sociedad tenga en cuenta".
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