Ese cólico llamado Jácome

Pasó lo que pasó

El alcalde de Ourense sufre estos días las molestias de la patología política que él mismo contagió. La ciudad también soporta los dolores del cólico, que son intensos, pero se pasan pronto. O eso parece.

Gonzalo Pérez Jácome saludando el día del pleno de investidura, en junio de 2019. (Foto: Xesús Fariñas)
Gonzalo Pérez Jácome saludando el día del pleno de investidura, en junio de 2019. (Foto: Xesús Fariñas)

Lo de servir y servirse de ella

Un director de un periódico achicaba agua en la cubierta de la redacción, incómoda por presagiar un verano más lleno de tópicos del oficio, trabajar aún más, doblar turnos de fin de semana para garantizar vacaciones para todos. Tranquilos, dijo, el verano es como un cólico, duele mucho pero pasa pronto. No encontró comprensión ni consuelo, pero el calendario le dio la razón. Dos meses en doce son, efectivamente, como un cólico. La ciudad lleva algo más de un año con ese cólico llamado Jácome y va hasta arriba de buscapina, ese espasmolítico que va fetén para los momentos de dolor intenso.

El alcalde resultó ser lo previsto, ese cálculo en el riñón que no das expulsado y cuando lo consigues las vías urinarias quedan rugosas como la superficie de la piedra pómez. A la política se viene a servir no a servirse de ella. Decenas de mandatarios han firmado frases similares, ninguno de ellos será el regidor de la tercera ciudad de Galicia, a juzgar por lo que sus propios edecanes pregonan por las cloacas municipales estos días, hartos (supuestamente) de entregar parte de la nómina para fines no aclarados. Tú también Bruto, hijo mío, ensaya a decir Jácome rodeado de "fieles" que empuñan la daga para acabar con este pequeño César. Creyó cimentar su poder haciendo que se arrastren a su paso los que le deben la soldada pero les han salido respondones.

Las diferencias no han surgido, parece, por tal o cual proyecto o gestión pública, tampoco por matices ideológicos a la hora de asumir formas de gobernar. No. Ha llegado la desavenencia por el clásico cuántos somos y a cómo tocamos. Jácome sí supo interpretar la literalidad del derecho de pernada. Frente a la costumbre popular que cree que se trata del derecho feudal de yacer con una casadera ajena la noche de bodas, el alcalde pareció interpretar correctamente el proceder medieval: el derecho que cada señor tenía de quedarse con los cuartos traseros de cualquier cabeza de ganado sacrificada por sus vasallos. Esta ciudad, crédula como pocas, y últimamente escarmentada y escandalizada por las andanzas de este prenda, asiste con su habitual inexpresividad a los picos de dolor de este cólico, esperando que el dolor vaya ya remitiendo, como aquel verano en la redacción.

La ciudad que desea olvidar

El único alcalde que consiguió tres mayorías absolutas en la ciudad se lamentó a poco de llegar al cargo de las dificultades que encontraba para encarrillar su gestión. De hecho, incluso pensó en tirar la toalla a poco de llegar. Un asesor que asistía a una de sus cíclicas crisis, le espetó: "Dimite, esta ciudad te olvidará pronto y pasarás a la historia por ser el único que no supo gobernar pese a tener mayoría absoluta". Jácome ni siquiera soñaba entonces que las carambolas de la política le propiciarían entrar bajo palio en la Praza Maior. La democracia ourensana, la de verdad, es así de infantil. Solo lleva un año en el cargo y hasta los suyos le enseñan la puerta de salida para que vuelva a vender flautas a su tienda. Ourense es olvidadiza, Gonzalo, acostumbra a no leer las placas de las obras —pocas primeras piedras vas a poner, sospecho—, tampoco los méritos conseguidos por los personajes a los que se le dedica una calle. Esta ciudad te olvidará pronto, alcalde, a no ser que tu forma de estar en el machito lleve a los más de 100.000 tipos que aún quedan aquí a tumbarse en el diván del psicoanalista. Razones has dado, más de una al día.

La otra revolución en la granja

Como era de esperar, todo en el mandato de Jácome está siendo muy orwelliano y la algarada interna de estos días alimentaría pasajes de Rebelión en la granja: "Los animales, asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y nuevamente del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro". Los insurrectos se hicieron los escandalizados un año después, como si el personaje en cuestión difiriese hoy de lo que ya su poliédrica personalidad apuntaba desde que se creyó ser el redentor de Ourense. Insisto en lo de Orwell: "Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros".

Ni siquiera intereses espurios

Jácome cree ser víctima de conjuras. También Franco culpaba de sus males a la pertinaz sequía y a la conspiración judeomasónica internacional. En el caso del regidor cree que intereses espurios quieren apartarle y que el poder económico y las ambiciones del gran capital no consienten su presencia en el cargo. Lamentablemente, pocos intereses y grandes capitales se baten para entrar en Ourense. Sospecho que esa no es la barrera contra la que se golpea, sino la de la inoperancia y el hartazgo de una ciudad que se aldeaniza cada vez un poco más.

Al poner la lupa | No son ellos los culpables, desde luego

Ourense. 27/08/2020. reunión de los concelleiros de D.O y el alaclde en el hotel Princess para tratar la crisis dentro de la formación. En la foto la salida de la reunión. Foto: Xesús Fariñas
Ourense. 27/08/2020. reunión de los concelleiros de D.O y el alaclde en el hotel Princess para tratar la crisis dentro de la formación. En la foto la salida de la reunión. Foto: Xesús Fariñas

Los informadores esperaban que saliese Jácome a dar explicaciones sobre el intento de sus concejales de pasarle por la quilla. Ya están aquí los periodistas, "pues que pasen y écheles algo de comer", pudo haber dicho. Pero quiso hacerse el simpático sacándose una foto con su móvil y colgarla en las redes sociales. Es ahí donde se envalentona y donde coloca emoticonos de la mierda para referirse a los profesionales y los medios, a los que culpa de todos sus males. No han sido periodistas ni medios los que le abocan al precipicio sino la vacuidad de su personalidad, agigantada por su tele.

El portafotos | Armando Ojea

Armando Ojea ha sido uno de los bastones de Gonzalo Pérez Jácome. "Tú y yo haremos algo grande, jefe", pudo haberle confesado en la protodemocracia ourensana sentado sobre el borde de un acantilado, viendo juntos cómo el sol se encamina hacia el ocaso y deja su tópica luz sobre las aguas del mar. En la aristocracia cutre del alcalde es una especie de valido de la corte.

Armando Ojea, a la salida de la reunión de DO en el Hotel Princess. (Foto: Xesús Fariñas)
Armando Ojea, a la salida de la reunión de DO en el Hotel Princess. (Foto: Xesús Fariñas)

Muy lejos de las capacidades arteras del Conde Duque de Olivares o del cardenal Richelieu, se limitó a vivir dentro de un poder circunflejo que ni en sueños creyó tocar: un sueldo público de casi 60.000 euros. Atrás quedaban los dolores de cabeza por sus pufillos con Hacienda, Seguridad Social y Concello. Como para cargo público no se exige limpieza de sangre entró por la puerta grande del servicio político, ostentando responsabilidades de nivel tanto en el Concello de Ourense como en la Diputación, donde se le ha reservado una vicepresidencia. Como buen valido permanece al lado de su monarca menor, a quien debe su proyección pública desde aquella primigenia actividad profesional de profesor de guitarra. Cuesta encontrar qué ha hecho Armando Ojea en sus cargos públicos hasta ahora, pero solo rinde cuentas a quien le puso. Y quien puso a ambos va camino de quitarles.

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