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El crimen de Socorro Pérez, la vecina de O Couto de 43 años que salió a correr el 2 de mayo de 2015 y nunca más regresó a casa, sigue impune. Sin avances y sin atisbo de resolución a corto o medio plazo. A nivel judicial, el caso fue sobreseído, y a nivel policial no constan avances.
Un paso en falso, tal como ocurrió con el caso de Diana Quer, podría llevar al homicida ante el juez. La víctima ourensana, al igual que la joven madrileña, pudo ser agredida sexualmente, aunque el avanzado estado de descomposicion del cadáver -ya estaba momificado cuando fue hallado el 6 de junio de 2015- no permitió hallar restos biológicos. “El tiempo que pasa hasta que aparece el cuerpo corre en contra de la investigación”, apunta un forense ourensano.
La resolución del asesinato de Quer la precipitó el hecho de que Enrique Abuín Gey, El Chicle, atacase a una nueva víctima, la joven de Boiro (A Coruña), el 25 de diciembre de 2017, más de un año después del crimen ocurrido en A Pobra do Caramiñal. Treinta y nueve horas después de su detención por intentar meter en el maletero a Tania, confesó que el cadáver de Quer estaba sumergido a 10 metros en un pozo, 496 días después de su violación y asesinato.
La reincidencia de Abuín Gey a la hora de dar rienda suelta a su pulsión sexual le delató. Los expertos en delitos violentos de la Policía Nacional son conscientes de que los depredadores sexuales suelen seguir un patrón a la hora de delinquir. Así se evidenció en el caso de El Chicle. La Guardia Civil de A Coruña estudió los paralelismos entre la violación denunciada por la acuñada de Abuín Gey (2005), el ataque a Diana Quer (agosto 2016) y la tentativa de detención ilegal en Boiro (diciembre de 2017). Los tres casos, con sentencia condenatoria.
Entre los “patrones inalterables” que, según los investigadores, ha mantenido El Chicle en sus asaltos, está la peculiar “forma de abordar a sus víctimas”. Diana y Tania iban ensimismadas con el teléfono móvil y caminaban por zonas despobladas. Aunque con su víctima mortal no se sabe qué método intimidatorio usó, tanto con su cuñada como con Tania se decantó por armas blancas.
Socorro Pérez corría por una zona poco poblada, el alto del Seminario, cuando supuestamente fue atacada. No murió estrangulada con una brida, como Diana, sino con un fortísimo traumatismo craneoencefálico.
La tardanza en el hallazgo del cadáver (34 días después unos cazadores hallaron los restos cubiertos con maleza guiados por un cuervo) impidió corroborar la agresión sexual (otra similitud con el crimen de A Pobra do Caramiñal). Una de las hipótesis policiales -aunque no la única- es que pudo ser víctima de una violación porque el cuerpo estaba sin ropa (las mallas, enrolladas en el tobillo). Un indicio revelador.
Según esa tesis, “a Socorro Pérez la mataron para ocultar otro delito”. Se sabe que no fue asaltada para robarle la cadena o el reloj, lo único que llevaba consigo. “Es un patrón muy habitual en los depredadores sexuales, que maten posteriormente para evitar su captura”, añaden las mismas fuentes.
Pero también desde la Policía Nacional destacan que las alimañas del lugar pudieron dejarla sin ropa. “Hay un vecino que nos dijo que su perro, por aquella época, llegaba a casa muy sucio, con restos de sangre y que olía mal”, relata un exagente de la Policía Judicial. Otra de las opciones barajadas -con menos adeptos- es que pudo ser víctima de un accidente de tráfico.
En una rama cerca del cádaver aparecieron restos de ADN, la única certeza en este caso, aunque, entre los propios investigadores, hay quien destaca que “la inspección ocular fue una chapuza y el escenario estuvo muy contaminado”.
Ocho años después, el caso de Socorro sigue sin aclarar. “Anda suelto un individuo peligroso para las mujeres, un lobo solitario”, asegura el portavoz familiar, Jesús María Pérez Barreiros. Solo “una carambola” -añade- podría añadir luz al crimen que le costó la vida a la ourensana. “Los depredadores sexuales suelen dar rienda suelta de forma periódica a su agresividad porque son incapaces de estar mucho tiempo en reposo, hay un componente psicopático”, asegura un criminólogo consultado. El Chicle dejó pasar algo más de una década entre su cuñada y Diana Quer.
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