Familias ourensanas urgen parques dignos para sus hijos
Las zonas recreativas para los más pequeños son una estampa de baches y cadenas oxidadas
Columpios viejos, tornillos a punto de precipitarse al vacío, madera de astillas punzantes… La mayor parte de los parques infantiles urbanos se encuentran en estado de decadencia, y las madres y padres ourensanos califican de “desesperante” acudir una tarde con sus hijos a uno de estos espacios.
La ciudad y sus carencias urbanísticas atraviesan el calendario impasivas y la urbe se constituye cada día como un sitio hostil para la infancia, a la par que sus espacios verdes y recreativos son cada vez más oscuros. El tiempo provoca un aumento de los desgastes ante los que el ejecutivo municipal hace la vista gorda.
Los estropicios están más presentes en los recreativos menos céntricos como el parque de Carriarico, de Valle Inclán o el de O Couto; el de San Lázaro, por otra parte, ofrece mejores condiciones. Sin embargo, son otros los hándicaps que presenta: “Cada tarde hay aglomeraciones y, aunque es menos peligroso, se vuelve inseguro por otras razones”, explica Olga Pastor, una vecina de O Couto que lamenta no poder pasar una tarde tranquila con sus hijos.
Una de sus opciones más cercanas, es el parque infantil del Barbaña. Pese a ser una zona céntrica y verde, sus instalaciones están en deterioro. ”La madera se está pudriendo y muchas partes están rotas, los recubiertos de las cadenas de los columpios ya son inexistentes y el interior está oxidado”. Además, las diferentes estructuras no están capacitadas para soportar el peso de todas las edades para las que se contemplan las instalaciones: “La rueda giratoria parece que está a punto de desengancharse del suelo”, indica Olga. María Morales también es madre y usuaria de los parques infantiles y relata que las incidencias con abejas son comunes: “Hay muchos enjambres sin controlar en los árboles y los niños corren peligro”. Por su parte, Beatriz Palanca lamenta el mal olor que “cuando hace calor se vuelve insoportable”, explica.
El parque Miño es otra opción para pasar tiempo al aire libre, o debería serlo, sin embargo el estado del suelo, con parte de la goma levantada, deja una estampa de boquetes a lo largo de la instalación “que provoca la caída de los niños”, indica Pastor. Este problema también es común en el parque de la calle Carriarico, en A Carballeira, al que acuden Beatriz Palanca y sus hijos. Esta madre explica que “el suelo está descorchado” y no es la primera vez que sus hijos “se tropiezan y caen”, indica. Esta madre señala que Ourense “no es un sitio preparado para la infancia” y Olga Pastor indica que “es necesaria una solución porque los niños no pueden dejar de ir al parque”. Considera un “básico” que se cuide “a la gente de la calle porque estamos desesperados”.
Ante la pasividad del Concello, acción vecinal
Cada mes, el concello acumula quejas vecinales por estado de los parques infantiles de la ciudad. Pese a que muchas familias se mantienen expectantes, desde el ejecutivo indican que si están en marcha un nuevo parque calistenia (aunque no especifican el lugar), la instalación de nuevo caucho y la creación de un nuevo parque de juegos en la calle Vázquez Núñez. Uno de los apuntes que hacen las madres sobre los parques que se construyen nuevos es que “no suelen estar adaptados para todas las edades y para todos los niños”, señalan.
Paralelamente a la inacción municipal, las asociaciones de vecinos toman la delantera y realizan arreglos con sus propios medios. Un ejemplo es Sustinea, un grupo vecinal que, a través de talleres y grupos de trabajo, se dedica a arreglar el barrio de A Carballeira. Uno de sus últimos proyectos ha sido la recuperación del parque infantil. “Pintaron una de las fachadas, colgaron maceteros colgantes, limpiaron el terreno quitando escombros y trabajan para ello mientras al concello ni se le ve ni asoma”, explica Beatriz Palanca.
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