Fe Rodríguez, historia viva de una pionera de la enfermería ourensana

Historias de vida

La primera ourensana que logró colegiarse como enfermera tiene 89 años y vive en la ciudad. Quiso ser médica, pero apostó por la profesión que le permitiría cuidar a su madre hasta el final.

Fe Rodríguez, historia viva de una pionera de la enfermería ourensana
Fe Rodríguez, historia viva de una pionera de la enfermería ourensana

Hace seis años que Josefa Rodríguez Docampo (Ourense, 1936) sube a diario el centenar de escaleras que le llevan a un cuarto piso de la zona vieja de la ciudad. La espera, cada mañana, el semblante alegre de Fe Rodríguez Docampo (Ourense, 1932). “Hoy tienes visita. ¡Vas a salir en el periódico!”, le cuenta la hermana pequeña, una misionera de la congregación del Divino Maestro que vivió 60 años en Venezuela y regresó a Ourense para cuidarla. “¿Visita? ¿Yo? ¿Por qué?”, se sorprende Fe, la primera ourensana titulada y colegiada en Enfermería. A sus 89 años, se deja cuidar por dos mujeres: Josefa y otra enfermera, una compañera de vida a la que ilustra sobre hierbas medicinales cuando los momentos de lucidez se lo permiten. Las cuidadoras son las que hacen justicia con su historia, descubriendo la vida de una pionera de la enfermería. Fe quiso ser médica, pero en una época en la que los doctores eran “viajantes”, apostó por la enfermería, una profesión que le permitiría ser el ángel de la guarda de su madre, Dolores, que había enviudado joven y con cinco hijos a su cargo.

-¿Usted fue enfermera?, pregunto.

-¡Soy!, sentencia Fe con el carácter enérgico del que hablan sus cuidadoras.

QUISO SER MÉDICA

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Fe, la primera por la izquierda, con el uniforme de enfermera. // Cedida

La mujer reconoce su título universitario, en el vestíbulo de la casa. El rector de la Universidad de Madrid acredita el 27 de enero de 1959, con virtud a una orden de 1941, que Fe Rodríguez Docampo obtiene el título de enfermera. Le habilita para “la asistencia a enfermos, aseo, alimentación, recogida de datos clínicos y administración de medicamentos, en el seno de instituciones de tipo religioso o patriótico”. Tardó muy poco en volver de Madrid para ser la primera enfermera colegiada que trabajó en la antigua clínica de Capitán Eloy. “Allí conoció a su marido. Era un enfermo que estaba en la clínica y ella lo cuidó”, cuenta la hermana Josefa. “Era la primera colegiada en Ourense, pero nunca se dio méritos. Quiso estudiar Medicina pero por no dejar a mi mamá sola se fue a Salamanca a estudiar enfermería y luego a Madrid”. También fue una de las primeras enfermeras ourensanas que trabajó en la residencia cuando se creó la Seguridad Social. “Estuvo allí hasta que se jubiló. Siempre decía que a los enfermos había que tratarlos lo mejor posible. Le regañaba a los médicos cuando iban de fiesta y tenían operación al día siguiente. A mi madre la cuidó hasta el final”.

-¿Verdad que fuiste una enfermera muy buena?, le pregunta Josefa.

-¿Muy buena? Sí, en aquellos tiempos del couplé, le espeta Fe.

Josefa, misionera, besa a su hermana Fe, en su casa de la ciudad.// José Paz
Josefa, misionera, besa a su hermana Fe, en su casa de la ciudad.// José Paz

Josefa, misionera, besa a su hermana Fe, en su casa de la ciudad.// José Paz

La enfermera que la cuida confiesa una de las anécdotas que le sorprendió de Fe cuando comenzaron a ser compañeras de vida. “Cuando me cuenta de su profesión, me habla de todas las hierbas naturales que usaba. Cuando le digo que me duele una rodilla me dice que agarre un poco de aceite, hojas de eucalipto y al fuego. Dice que el mejor antiséptico para las heridas es la vaselina. Tenía tal obsesión por la vaselina que un día abrí un armario y me encontré con cientos de botes antiguos que ella compraba. Creo que Fe también me cuida. Esto no es un trabajo para mí, es una bendición. Siempre le digo que somos compañeras de vida: ‘Tú me acompañas a mí y yo a ti’”, asegura.

Utilizaba hierbas, conoció a su marido enfermo y reñía a los médicos que salían de fiesta

La profesora e investigadora Rosa María Cid Galante (Ourense, 1966), la primera que descubrió esta historia cuando buscaba otra biografía sobre mujeres invisibilizadas, hace una anotación: “Talvez, moitos ourensáns recibimos as curas desta pioneira enfermeira ourensá”.

-Fe, gracias por contarnos su historia.

-¡Bueno mujer! Lo que faltaba. Gracias a vosotros por venir a verme.

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