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Francisco José Prieto (Ourense, 1968) sonaba en todas las quinielas para relevar a Julián Barrio en el cargo de arzobispo de Santiago. El de A Carballeira ya era obispo auxiliar en Compostela desde 2021, mano derecha de Barrio, que hace tiempo que había comunicado al Papa Francisco su intención de renunciar, cuando cumplió 75 años. El tiempo que su predecesor ha estado en el cargo -27 años- es el mismo que Prieto ejerció como sacerdote en su Ourense natal. Prieto ha chupado banquillo hasta que el 1 de abril el Papa aceptó la marcha de Barrio. Ahora, los vecinos de A Carballeira felicitan a su cura Paco, que el 3 de junio, en una ceremonia en la Catedral de Santiago, será Monseñor Prieto, arzobispo de Santiago. El fichaje realizado desde el Vaticano atiende a La Región por teléfono, recién sentado en su despacho del Arzobispado de Santiago de Compostela tras cruzar un Casco Histórico en el que le paran por la calle. Durante la entrevista, también le suena el teléfono fijo para hacer unas declaraciones. Y como está acostumbrado a la vorágine de micrófonos, responde a esta conversación con algún que otro regate. Aunque, contundente, admite que en el debate de Ana Obregón -igual que en otros desafíos sociales- la Iglesia también tiene que mojarse. En Semana Santa, ni Dios se libra del gol que mete el papel cuché.
¿Cómo es eso de que le paran por la calle?
El salto a arzobispo te sitúa en primera línea, pero lo llevo bien.
¿Y qué le dicen?
Te felicitan, dicen que piden por mí, que cuente con ellos…
¿Cuánto tiempo lleva preparándose para el cargo?
Me lo comunicaron 15 días antes. Son días que permaneces en silencio, guardando el secreto.
Estará más que acostumbrado a guardar secretos de confesión. Lo llevaría a rajatabla…
Sí. Otra cosa es lo que espera la gente de ti. Esta diócesis es muy grande, estoy ocupado y preocupado en las cosas cotidianas. Siempre puede haber quien diga una cosa u otra, pero uno responde con el silencio y una sonrisa.
¿Cuál cree que es el gran reto de su Iglesia?
Seguir siendo una Iglesia que ponga en el centro el anuncio del Evangelio y la preocupación por la dignidad de las personas. Y que sea una misión compartida. Hay una realidad geográfica muy extensa, sin prisa pero sin pausa tenemos que tomar decisiones que hagan posible buscar una respuesta. Nuestros sacerdotes son mayores, necesitamos relevo importante.
¿Cuál será la decisión más difícil de la Iglesia gallega?
La pandemia que sigue estando ahí de alguna manera. La crisis que vivimos es fuerte. Está de nuevo la palabra guerra. Como Iglesia debemos tener una presencia significativa en la sociedad. Es un momento crudo para muchos.
¿Cuál es el futuro de las envejecidas y dispersas parroquias del rural?
La parroquia en Galicia es una realidad civil muy anclada. Eso de: “Eu son da parroquia de tal sitio”. En el rural gallego, la Iglesia tiene el gran reto de seguir llegando a nuestra gente, teniendo en cuenta los sacerdotes que son y que son mayores. Reconozco que yo tengo muchas preguntas, pero no hay respuestas mágicas. Hay que proceder con sentidiño y con xeito a la hora de dar pasos, que tenemos que darlos. No podemos quedarnos como espectadores ante los retos del rural gallego.
¿No admiten que hay parroquias que deben cerrar? Porque no hay otra solución…
No emplearía la palabra cerrar, creo que tenemos que redefinir el modelo de la parroquia sabiendo la realidad de nuestras aldeas, de nuestros sacerdotes y nuestra gente mayor. Las unidades pastorales suman esfuerzos, por ejemplo.
¿Y los laicos? ¿Hasta dónde puede llegar su protagonismo?
Como fieles, no podemos ser espectadores, sino actores.
¿Es impensable que un laico ofrezca la eucaristía?
Bueno, hay parroquias donde el sacerdote no puede porque es imposible un maratón dominical de misas. Entonces el laico hace lo que llamamos celebraciones de la palabra. Hace que no se pierda el domingo, el día más importante de la semana para los cristianos. Y ojalá podamos seguir dando pasos en ese sentido.
O sea que no sería una locura que un laico presida una misa, por ejemplo.
La eucaristía la hace el sacerdote, pero el laico modera. Y hay laicos que están autorizados a dar la comunión en nuestro rural, por ejemplo.
¿El celibato debería ser opcional? Dada la falta de vocaciones…
Creo que no tiene que ver con el celibato la falta de vocaciones, pero ahora mismo el celibato tenemos que vivirlo así, es un don de disponibilidad con la Iglesia. A futuro, quién sabe. Son decisiones que hay que tomar con pausa, igual que otros debates sociales.
¿Ve las redes? No se habla de otra cosa que no sea Ana Obregón, que ha recurrido a la gestación subrogada. ¿Qué le parece?
Basta que uno se asome ligeramente a la ventana de las redes sociales y se abran de par en par. Yo creo que todo lo que afecta a la vida, cuando Dios nos regala la vida, nos regala la vida y la libertad. Pero primero es el don de la vida y creo que tenemos que respetarlo con toda la dignidad que merece. Creo que a veces jugamos con el don de la vida. Yo puedo entender las razones que uno pueda tener, pero en este caso, el respeto al don de la vida y a lo que significa la maternidad, debemos proceder con cautela ética como principio.
¿Y en este caso parece que no existe esa ética?
Yo no me atrevo a valorar la decisión que ella ha tomado, pero no cabe duda que ha sido polémica. A fin de cuentas, con la gestación subrogada da la impresión de que la vida pudiera ser objeto de comercio. Es un tema delicado y tendremos que serenarnos socialmente para que veamos con mayor perspectiva todas estas cuestiones.
A la Iglesia le es difícil escapar de estos debates sociales, ¿no?
No, y además hay que estar de manera significativa en estos debates. La hermosura de una maternidad compartida, que es un don de Dios, conviene que desde la Iglesia tengamos la palabra “respeto” a la vida.
¿Cómo ve el reto de acercarse a los jóvenes?
Nuestros jóvenes necesitan que desde la Iglesia los sepamos escuchar. A veces nuestro lenguaje puede parecer distante. A los adolescentes, en las confirmaciones, les digo que ellos son el presente con el que queremos contar.
¿Qué guarda de Ourense?
De Ourense sobre todo guardo recuerdo de agradecimiento. Y ser gallego y ourensano es una maestría de vida que uno procura compartir. La palabra, con Ourense, es gracias.
¿Existe el infierno?
(Se ríe). Existe como una posibilidad desde nosotros. Dios, cuando cuenta con nosotros, lo hace desde nuestra libertad. En nuestra libertad cabe decirle no a Dios, pero él espera que le digamos que sí. Dios nos ha hecho libres para decirle que sí o que no.
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