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Más de ocho horas de festival comprimidas en una tarde con su consecuente noche no son moco de pavo. Cinco bandas actuaron consecutivamente ante el público del Our Fest Xacobeo, una masa de fans y melómanos que lo dio todo en un largo sábado marcado por ritmos de electrónica y riffs idiosincrásicos del rock indie.
La jornada maratoniana estuvo salpicada de descansos entre actuaciones, donde reponer fuerzas, descargar la garganta y, sobre todo, reponer líquidos más o menos espirituosos con la música de fondo que pinchaban los DJs.
Unas 4.000 personas abarrotaban el recinto de Expourense, un espacio cubierto donde los más fans más espabilados aprovechaban los intermedios para apelotonarse en primera fila antes de que los músicos ocupasen el escenario.
La carrera de fondo comenzó con la Big Band del multiinstrumentista toledano Julián Maeso, veterano del rock nacional que se ha pasado por bandas como The Sunday Drivers (que él mismo fundó), Speaklow o Aurora & The Betrayers.
Le siguieron el conjunto londinense The Big Moon, el cuarteto femenino que lo dio todo en el escenario con clásicos como el hit “Your Light” y material de su novísimo single, publicado el segundo día de septiembre, “Trouble”.
El primer conjunto proveniente de Glasgow, Belle and Sebastian, subió poco a poco en decibelios con grandes éxitos como la indispensable y coreada “Unnecessary Drama” y la agridulce “The Boy with the Arab Strap”.
Entre canciones, el vocalista Stuart Murdoch chapurreó un poco de castellano delante del micrófono: “Nosotros venimos de Escocia y estamos muy contentos de tocar para... you?”.
La instrumentación folk dio paso a la electrónica de Metronomy, el quinteto inglés que hizo sudar al respetable con la melodía de sintetizador de su éxito de 2011, “The Look”, y el ritmo más propio del house de “The Light”.
Por último, después de medianoche, el incansable público se acercaba poco a poco a la línea de meta de la sesión: también de la segunda ciudad de Escocia, llegaron, por fin, los esperadísimos Primal Scream. La traca final (con coristas incluidas) fue el mejor premio que pudieron llevarse los deportistas de la música de uno de los eventos que pusieron a la ciudad de As Burgas en el mapa internacional.
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