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LA NUEVA OURENSANÍA
Dice Indelira Hurtado Cambindo que es una persona reservada, pero nada que ver con cómo se ve esta muchacha, de las pocas que para el comando ourensanía abrió las puertas de su casa. “622…”, se arranca con el número de teléfono, cuando se lo pedimos sin explicarle el “para”, y con el corazón cien por cien abierto nos habló de su llegada en España. “Si uno vive por lo que diga la gente no vas a vivir nunca”, opina muy sabia. Cuenta los años que luce, con un vida contrastada de escenarios.
Nació en El Charco Nariño, en la desembocadura del río Tapaje, “la gente vive de la fruta, el pescado y el coco, te mueves en canoa”, explica. Describe unos padres que se dedicaban a la agricultura, y una familia de diez hermanos. “Por parte de mi madre todavía tengo primos indígenas que viven en la selva, que aún van en taparrabos”, ilustra a mayores, para que vayamos pintando el cuadro. La mandan a vivir con una tía en Palmira Valle, un lugar más urbanizado, allí se forma “hasta donde quise estudiar”, dice sonrisa en boca, y a los 21 años queda embarazada. “Me lo traje a sus 16”, anticipa sobre la infancia del niño, que pasó con una amiga, mientras Indelira enviaba remesas, ya viviendo como ourensana. Aquí tuvo un matrimonio que durante diez años fue funcionando. “Mi hijo está con una gallega que quiero muchísimo y vive en Ponferrada”, comparte una suegra encantada. “Hace tiempo había un poco de racismo aquí”, revela, sobre una década atrás en las calles de esta ciudad.
Es un cachondeo con Indelira lo de su fecha de llegada. Recuerda que fue con 22 años y que ahora cuenta 55, o sea, calculamos unos treinta años. Pero tiene en su pasaporte dos fechas, una del 2000 y otra del 2010, y dice que estuvo sin papeles seis años. “Yo pongo lo que tenga que poner”, nos dice por audio, quiere ser fiel a la verdad aunque se haya confundido el funcionario.
El caso es que aterrizó en Madrid, engañada por una compatriota que le vendió el cuento de un trabajo honrado. Y gracias a una cadena de personas que se encontró por el camino, salió de lo que podría haber sido un tormento sin haberse ensuciado las manos.
De una chica con la que todavía trata, a un señor de aquí que le hizo un préstamo monetario, pudo escaparse de malas gentes que querían enredarla. “Ese señor me ve como si fuera su hija, y yo a él como un padre”, comenta Indelira sobre su valedor ourensano.
“Vivo sola en este piso desde hace veintisiete años”, explica Indelira que ahora tiene de huéspedes a una prima y su marido que están intentando asentarse. “Ese señor no me cobró nada durante el coronavirus”, dice sobre sus caseros, a los que tiene en alta estima. A ellos hay que decirles que el nido está impoluto de buena mañana, con todo muy curioso y organizado.
“Trabajo con una empresa cuidando a personas mayores por horas”, explica. Cuando no está en su empleo hace cursos, o se dedica a salir de casa. No es mujer solitaria Indelira, le gusta platicar y también tener planes. “En mi iglesia ayudamos a la gente necesitada”, dice sobre Cristo es la respuesta, la congregación evangélica de la calle Emilia Pardo Bazán.
“Si traicionaron a Jesús, ¡qué no nos harán a los demás!”, opina Hurtado Cambindo, haciendo un símil involuntario entre su experiencia y la historia sagrada.
Ya tiene casa propia en Pereira, el municipio colombiano, y está intentando comprar otra en Palmira, con los cuartiños que el laboro va dando. “Ahora vivo para mí”, explica, y se nota que no quiere hacerse rica, pero que los años van pasando. “Mi sueño es tener una vejez tranquila, con una buena pensión, y pasarla bien”, dice la mujer madura, con alegría de muchacha. Así la llamamos desde el princpio porque pese a lo que diga, no tiene alma de persona jubilada.
En su tierra se dice “desentejado2, en la nuestra calvo, y con esta última versión ella describe a su actual pretendiente colombiano. Pues muy buen popurrí el que hace esta hija del océano Pacífico, ¡lo mejor de los dos mundos en el cuerpo de su acompañante! Nada en contra del pelo, -o de su ausencia-, pero mientras no te tiras a la piscina, amiga Indelira, mejor a tu bola en Mariñamansa.
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