Obituario | Amelia González, la gran matriarca de los Chisco

Publicado: 06 ene 2022 - 01:00 Actualizado: 05 ene 2022 - 23:26
Amelia González
Amelia González

Recibieron sepultura ayer, en el cementerio de Esgos, los restos de Amelia González Fernández, fallecida a los 86 años después de una larga, dura e injusta enfermedad que en los últimos seis años y medio le impidió disfrutar de lo ganado y merecido tras una vida de trabajo intenso que le reportó el reconocimiento general a lo largo de su dilatada trayectoria.

Amelia no fue una mujer común, pues brilló con luz propia en un contexto y en un tiempo poco proclives a que las mujeres sobresaliesen. Su fuerza, empeño y talento le ayudaron a destacar desde muy pronto, cuando casi adolescente unió su vida a José Manuel Rodríguez Rodicio, el gran Pepe Chisco, como popularmente fue conocido. Fue colaboradora imprescindible y generosa en cuantas iniciativas emprendió su marido, pero fundamentalmente al frente del bar y restaurante que tenían en Esgos, en el que Amelia lo era todo a la hora de organizar, disponer, trabajar y, sobre todo, poner las manos sobre los fogones en los que aunaba conocimiento y sensibilidad aliñados con buen gusto e intuición innatos.

Así se ganó el favor de generaciones de ourensanos que acudían en masa a degustar la incomparable sopa de ajo, que ella popularizó y dignificó al tiempo, junto con otros productos ante los que se rendían los más exigentes paladares. Muchas son las personas que todavía hoy llevan sobre sus recuerdos la esencia de los sabores y las visitas familiares al que en su día fue un concurrido centro gastronómico.

No se quedó ahí ya que, paralelamente, Amelia desarrolló otra faceta más importante y reparadora en lo personal como madre de familia numerosa, criando a sus cinco hijos: José Manuel, Amelia, Miguel Ángel, Mario y Luchi, que no le defraudaron y le dieron muchas satisfacciones e igualaron -cuando no superaron- a los progenitores en proyección personal, profesional y popular en el mundo de la empresa o en la cosa pública. Le cupo la satisfacción de ver el éxito de sus retoños: José Manuel, como gestor en la empresa privada y desde hace muchos años en Expourense, la Cámara de Comercio o la gerencia del Inorde. Amelia, Mella para todos, que con su marido Gerardo fueron referencia repostera en la confitería Milhojas de Ourense, que luego defendió sola tras la prematura desaparición de su compañero y que sigue con éxito en manos de sus hijos, con Martín -integrante de las elites del sector en España- como cabeza visible, que asumieron la responsabilidad debido al temprano fallecimiento de su madre. Miguel Ángel, veterinario, inspector de Sanidade e impulsor de la bodega familiar “Leiravella”, elaboradora de vinos de la Ribeira Sacra. Mario, alcalde de Esgos y uno de los pocos regidores que pueden presumir de haber presidido una corporación municipal sin oposición, gracias al masivo respaldo popular en las urnas. Luchi, también funcionaria de la Administración local.

Superados los tiempos del trabajo sin desmayo, Amelia disfrutó la felicidad y la placidez que le proporcionaron el progreso y el calor de los suyos, que alcanza ya a miembros de la cuarta generación, aunque esa dicha se viese truncada por episodios que le rasgaron el corazón, como la muerte de sus hijos Miguel y Mella, en 2001 y 2006, en un trágico accidente de moto y de una grave enfermedad, respectivamente, así como con la partida definitiva de su compañero, Pepe Chisco, en 2011. La adversidad también tenía reservada para ella su cuota de crudeza llevándose su salud y la capacidad de ser ella misma, si bien no pudo arrebatarle la belleza de su semblante y la impagable sonrisa que deja como recuerdo imperecedero entre tantos.

Contenido patrocinado

stats