El psiquiátrico de Toén agoniza a la espera de llenarse de aulas
Las paredes de la instalación, en desuso, se han convertido en un museo del grafiti por el abandono
Del hospital psiquiátrico de Toén no queda nada de lo que fue. Los inmuebles, que en sus inicios funcionaron como “leprosería”, pasaron de albergar a pacientes con problemas de salud mental a convertirse en una ruina.
Hoy, la pintura se cae de las paredes, la infraestructura es débil y el suelo está lleno de escombros, cristales rotos y basura. Solo algunos botes de agua oxigenada caducados desde hace décadas, antiguos tarjeteros de pacientes o jeringuillas (de uso médico) permanecen desperdigados en las instancias.
Durante su tiempo, aún en activo, tampoco era oro reluciente, sino que en sus últimos años ya estaba en proceso de oxidación: su aspecto carcelario, las celdas de aislamiento o la falta de numerosas baldosas no concordaban con los tiempos, en los que la sociedad comenzaba a ser consciente del problema de estigmatizar a las personas con patologías mentales.
Su abandono y el traslado a Piñor de los pacientes (a principios de la pasada década) dio vía libre a la práctica de otras actividades: innumerables robos, hogar de okupas y, sobre todo, las paredes sirvieron de lienzo para grafiteros de toda la provincia.
Las firmas expuestas en las calles de la ciudad están también allí replicadas. Con más o menos maña, las ruinas están atestadas de color y mensajes: “El arte está en la calle”, “Comando vandalismo” o “Erika, gracias por todo, te quiero” son algunas de las misivas que se impregnaron en los restos de pared.
Las inmediaciones del edificio están actualmente en obras. El propósito es que el espacio se reconvierta en una “universidad forestal”. Toén será la base del centro de formación de bomberos más importante de toda España, según anunció la Xunta en abril. Se prevé que el complejo esté listo a cinco años vista y, aunque anunciaron que este verano ya empezaría a funcionar el primer circuito de entrenamiento, por el momento solo hay un par de soportes de calistemia vacíos.
Según Roberto Lloves, quien este septiembre se convertirá en el presidente de la comunidad de montes de Moreiras, la intención es recuperar los edificos para crear aulas, auditorios y residencias para su uso durante el curso escolar.
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