Pocas imágenes resultan más repulsivas que unas narices mocosas, no será mi yo cívico el que lo niegue. Pero sí que será mi otro yo, el científico, el que sugiera mirar más allá y reflexionar sobre cómo sin los mocos estaríamos muertos.
Ser un buen padre no es algo fácil de definir. De hecho, nuestra imagen de “buen padre” no sólo está condicionada por la especie a la que pertenecemos sino que, incluso dentro de los Homo sapiens, las circunstancias culturales han hecho que un padre ideal en el siglo XXI no tenga absolutamente nada que ver con esa misma consideración para un hombre de la Persia imperial.