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ONCE HABITANTES
Un grafiti de Benito y su perro pastor recibe a los visitantes de Vilar, una aldea de montaña en Bande donde apenas residen once habitantes. Sus casas de piedra y su esencia comunitaria son lugares de inspiración y creación para los moradores temporales que llegan hasta A Casa do Pozo, un espacio que convoca a artistas de diferentes disciplinas para establecer una dinámica de diálogo con los habitantes del pueblo.
La propuesta, que nada tiene que ver con las residencias de artistas que empiezan a proliferar en algunos puntos de la geografía, invita a la reflexión sobre la “España vaciada” y sobre el futuro del rural, con el arte como herramienta y los vecinos en el centro del proceso. “Parécenos… que xa era hora de que alguén se acordase de nós!”, comenta Manolo Blanco, vecino del lugar en medio de una conversación con Maruxa Rodríguez y Elvira Morgade, quienes loan la labor de Mateo Feijoo -promotor del espacio-, para devolverle la vida a Vilar. “El só tira polo pobo, senón isto non era nada”, añaden las dos mujeres.
El proyecto de A Casa do Pozo, con piezas en activo como la que el pasado fin de semana orquestaba la artista valenciana Elena del Rivero con “La Quema”, comenzó su andadura hace tres años. Pero son muchos más en la mente de su creador, el artista contemporáneo Mateo Feijoo. “Levo 15 anos pensando o proxecto e como articulalo e…. autofinancialo”, describe sentado en la que fuera la cocina de la casa familiar de sus abuelos, donde los artistas-moradores no disponen de televisión ni conexión wifi, pero sí de una cocina de leña para hacer frente al frío y unas botas de goma que sirven para ir a la huerta o con el rebaño del vecino al monte. “Eu sempre digo que o artista non ten que vir a ensinar nada, todo o contrario. Ten que vir a aprender deles e contaminarse do que eles le dan para que iso se impregne na súa obra. E ata agora foi así, e por iso penso que ten funcionado tan ben”, describe el promotor, quien pone el acento -y el agradecimiento- en sus convencinos, su “apoio incondicional” y su implicación al 100% con el proyecto “me deron moito máis do que eu esperaba”.
En estos tres años, los vecinos han sido los protagonistas de “Sons do esquecemento ou A naval do tempo” una intervención sobre el abandono del rural que el propio Mateo Feijoo presentó en el Museo Centro de Gaiás; inspirado en los versos de “Tu existe” de Luz Pichel con ilustraciones de María Puertas dentro del proyecto transdisciplinar “El espejo de la memoria en el trazo de la palabra”; posado para la intervención mural de Estudio 8; y albergado el renacer de un proyecto creativo y multidisciplinar de Elena del Rivero, que tuvo su culmen con “La Quema”, pero que ha dejado varios regalos escondidos por el pueblo a modo de piezas artísticas y uno bien visible, un cuadro salvado de la ‘performance’, colgado en la iglesia del pueblo.
Quizás, apunta Mateo, esa sea la primera piedra de un nuevo proyecto para la aldea. “Gustaríame crear un museo escondido”, desvela avanzando la próxima estadía de un escultor alemán para empezar con un proyecto de intervención en el pueblo que persigue “poñer en valor, dignificar e darlle outra visión a todo o que ten que ver coas ruínas. Transformar sen necesidade de reconstruír e dar valor a algo que non o ten. As ruínas son a memoria do pasado”, incidía en un proceso paralelo en el que también regresará a la aldea de Lucía Loren, que ya estuvo trabajando vinculada al proyecto de Elena del Rivero, para “crear un diálogo” con un canastro caído.
La ilusión y el entusiasmo con el que los vecinos de Vilar reciben a vecinos y curiosos se asemeja a otros enclaves de la provincia donde la cultura y el arte han vuelto a poner el foco -y el debate- sobre el futuro del rural. Es el caso de A Merca, donde la colección de “Mulleres doutros mundos” firmada por el reconocido fotógrafo Manuel Outumuro ha generado una corriente de visitantes hasta el lugar. También en Senderiz, concello de Lobeira, donde lleva una década funcionando el primer cowroking-coliving del rural albergando a artistas y creadores de más de 60 países.
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