Relatos de vida en Maside que merece la pena escuchar

HISTORIAS DE VIDA

Los usuarios de la residencia Casa Grande de Maside participan en el programa “Historias de Vida”, en el que rememoran sus primeros trabajos o su primer amor. Es el caso de Julia, que comenzó a trabajar a los 10 años en el campo y tuvo 12 hijos

Experiencia Activa Casa grande de Maside

En el corazón de Maside se encuentra la residencia Casa Grande, de la Fundación San Rosendo. En este centro, los usuarios han comenzado a desarrollar una iniciativa llamada “Historias de Vida”, proyecto que comenzó en la residencia Santa Marta. Este programa recopila la historia de vida de cada usuario para poder conocerse mejor y saber cómo era la vida de los diferentes protagonistas. Una actividad que la integradora social, Talia Sequeiro, no duda en calificar como muy “gratificante”. Gracias a esto, los mayores comparten narrativas de vida que sirven para forjar lazos más íntimos.

Relatos

Julia lleva 12 años en la residencia y dice sentirse “muy afortunada”. Natural de Portugal, asegura haber empezado a los 10 años en el campo. Una vida dura, pues recuerda que durante su infancia no tenía para comer. Pasados los años se mudó a España, donde tuvo a sus 12 hijos, quienes actualmente se encuentran viviendo en diferentes puntos del territorio nacional.

Actividades y manualidades de tarde.
Actividades y manualidades de tarde.

Más historias salen a la palestra en esta jornada, como la de Benigno, un hombre que califica a sí mismo como un “demonio”. Y lo explica: de pequeño era un traste y en más de una ocasión tuvo que correr como alma que lleva el diablo para que la mano de su padre no le alcanzara con ese ejercicio educador de antaño. Cuando creció se echó una “novieta”, con la que finalmente se casó, aunque previamente se compraron un Seat 600 con el que viajaron a innumerables fiestas de la provincia. Dentro de ese 600 también durmieron más de una noche por aquella alma joven fiestera. Benigno sigue cogiendo el coche en la actualidad, aunque cada vez que sale del centro asegura llevar a sus amigos de la residencia en “la mente y el corazón”.

Uno de sus colegas es José, un andaluz que ha dado tumbos casi por cada punto de España. Nacido en Alcázar de Granada se mudó a Almuñécar, donde tuvo su primer empleo en una fábrica de cajas de madera. Después tomó rumbo a Sevilla para hacer el servicio militar, donde empezó su afición por los aviones. Aunque fue a bordo de un F16 cuando comenzó su miedo a volar al comprobar que alcanzaba los 4.000 kilómetros/hora. Y de ahí se marchó a Barcelona como electricista, ciudad donde conoció a su mujer. El usuario no cuenta si en un viaje esporádico a Ourense metieron las manos en el agua de As Burgas, el caso es que ambos se casaron aquí.

Estas historias sirven para unir y recordar en esta residencia de mayores. Todos ellos coinciden en que recordar su periplo vital y participar en estas actividades, es algo que les satisface mucho.

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