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Los efectos de los incendios forestales que arrasaron la provincia de Ourense este pasado verano continúan dejando su huella. Las lluvias de los últimos días, sumadas a las provocadas por la borrasca Claudia, han arrastrado restos de ceniza y materia quemada, tiñendo de negro el caudal de los ríos.
En el Concello de Chandrexa de Queica, un vídeo de este mismo jueves muestra cómo el río que atraviesa la aldea de Parafita, una de las zonas más afectadas por los incendios, discurre con un color completamente negro, recordando las imágenes de hace apenas una semana, cuando la riada de ceniza desembocaba en el embalse de Queixa.
El fenómeno refleja el impacto que los incendios combinados con las lluvias torrenciales pueden tener sobre los ecosistemas fluviales y la calidad del agua, así como la persistencia de sus efectos meses después del fuego.
El incendio de Chandrexa de Queixa calcinó entre el 8 y el 31 de agosto más de 23.000 hectáreas. Para su extinción participaron 23 técnicos, 189 agentes, 238 brigadas, 138 motobombas, 21 palas, 17 unidades técnicas de apoyo, 34 helicópteros, 30 aviones y efectivos de la UME.
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