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Adrián López Morín, cubano de origen y residente en la provincia desde hace tres años, es una eminencia de la animación que reside con su mujer y sus tres hijos en Celanova camuflado.
“Adrián Daniel, Kiyoshi y Sadame”, se llaman los tres descendientes, si no compartimos con el mundo los nombres de origen japonés nos da algo. “Silencioso y destino”, revela Adrián el significado de las dos palabras, pronunciarlas no es difícil pero primero hay que oírlas.
Poco más de su familia presente podemos contar, aparte de que su esposa es la del ascendiente español y nipón, que justifica esos apodos especiales. El resto del tiempo lo dedicamos a hablar del trabajo y vocación de Adrián, que no acaba de florecerle del todo en la villa.
“Mi mamá falleció por falta de oxígeno en la covid, y me prometí a mí mismo que me iba a ir de Cuba aunque fuera a pie”, revela sobre Celanova como destino. Al tener ciudadanía española su mujer, la dirección a tomar se les reveló evidente. “Un amigo que vive en Quintela de Leirado nos atrajo hacia este lado”, aclara ubicación precisa, llegaron con el apartamento acordado.
“Soy diseñador gráfico y comunicacional, o sea también hago audiovisual, hacía branding, diseño de revistas, era reconocido por mi trabajo en Cuba”, revela. En efecto ponemos su nombre en el Google y sale en unas cuantas estampas. Su pasión por los dibujos animados le llevó a crear un estudio de animación en una escuela de arte, y a hacer varios cortos y mediometrajes para el Instituto cubano de Arte e Industria cinematográficos. “Fuimos los primeros en lograr algo así en el interior del país”, apunta Adrián, residente durante años en Holguín, al este de Cuba.
Saltamos de obras a orígenes con Adrián, para hablarnos de su pueblo, que un poco es el nuestro. “Descubrí en España que soy descendiente de gallegos de Monforte de Lemos”, revela. “Allí hay calle Morín, bar Morín…ya fui al obispado de Lugo y obtuve el certificado”, aclara sobre papeleos que le conectan con su difunto bisabuelo. “Un tipo muy emprendedor que fue uno de los fundadores de Niquero”, explica. “Allí somos una familia con mucho arraigo, en mi casa existía un cine desde 1914”, comparte asombroso dato. “Mi amor por el arte viene por las tertulias de mi casa, había ron e intelectualidad”, aclara. “Mis abuelos tenían también una bodega, un teatro, publicaron un periódico… fueron promotores culturales”, añade.
Reconoce Adrián que vinieron un poco pez en cuanto a papeleos y permisos, y por ello se les demoraron los documentos a lo largo de estos tres años. También que ha intentado desarrollar algunos proyectos culturales, e incluso un obradoiro de animación en Celanova, pero son planes que se han visto frustrados precisamente por las burocracias. “Mi querida amiga haciéndome el amor”, dice a un cierto punto, mientras habla de estos trámites. Una mosca quiere posársele y él venga con ella a manotazos. “Lo cubanos somos muy chistosos”, dirá a un cierto punto, y no le falta razón, aún en el relato pesimista, le salen las gracias.
Tiene que darse a conocer Adrián Morín en esta página porque lo que él hace en estos lares es bien escaso. Como uno de los fundadores de la asociación cubana de comunicación social explica que está habituado “a crear grupos de trabajo en lugares específicos, donde nadie creía que había potencial”. Ahí queda el dato.
Desde su pequeño refugio celanovés sigue ilustrando libros para Estados Unidos, trabajando con editores en Miami, y haciendo de community manager para pequeñas empresas. “También me van cayendo trabajos eventuales como edición fotográfica, retoque digital, ahora estoy muy metido en el tema de la Inteligencia artificial…”, enumera propuestas, y opina, “es el futuro de la técnica, ¡ojo!, siempre el acto creativo pertenecerá al ser humano”.
Nos habla Adrián de Curros Enríquez cuando le pedimos una palabra en gallego, y demuestra que lo suyo es el arte y lo de la gestión lo lleva la parienta, que escucha sentada al lado. ¡Sal de casa Adrián para darte a conocer al mundo de carne y hueso, y así vender como se vendió de toda la vida un currículo, con carisma, poniendo el culo (en sentido figurado), pero dando la cara. Queremos que materialice esos dibujos animados en lugar de sólo soñarlos. “Personajes mitológicos y ancianos gallegos”, una idea le ronda, imagina Adrián López Morín mundos de viñetas ilustradas que buscan un mecenas. ¡Hágase tu magia San Rosendo!, ¡intercede por tu vecino y siervo que mora en tus tierras!. Que no sea el simpático porco bravo del Xabarín Club, la última animación célebre de la televisión gallega.
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