Alex y Cristina, bodegueros de otra tierra que aman y cultivan la ourensana

LA NUEVA OURENSANÍA

Entusiasmados con la Ribeira Sacra, Alex y Cristina, dúo latino mitad de México mitad colombiano, elaboran vino de nuestra tierra con Bodegas Alebrije, a caballo entre A Peroxa y A Barra

Miriam Blanco
Publicado: 01 jul 2024 - 06:10 Actualizado: 01 jul 2024 - 10:48
Entrevista Alex y Cristina

Anduvo mucho de baile Alex Messianu de niño por Estados Unidos porque su padre se dedicaba a la publicidad, y se movían entre México y esa otra América. “Soy chilango pero viví en California, Texas, Miami, y desde el 2018 en España”, informa. Diseñadora de vestuario para circo y teatro, Cristina Vieira, de una extensa familia colombiana, creció en Medellín. “Tengo miles de millones de primos”, comenta. “En un asado, gritas Juan y veinte alzan la mano”, bromea Alex sobre los nombres repetidos de los múltiples parientes, y visualiza en su familia política un Macondo contemporáneo.

Del sueño americano

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Ubicada Cristina años después en Florida, une su vida a la de Messianu, que a la época dirigía y producía un cortometraje. “Decidí emprender el sueño del cineasta y tras siete años en Miami nos mudamos a Los Ángeles”, confiesa Alex. Prueba superada, ella consiguió meter la nariz en diseño de moda, y él trabajar en los Grammys y en el estudio de cine de Sony Pictures. “Soy un creativo híbrido, creo textos publicitarios pero también produzco y dirijo audiovisuales”, aclara. Tres años estuvieron pululando por la meca del cine, hasta que del ‘glamour’ y del ‘show business’ se hartaron. “Una agencia de publicidad de Barcelona me reclutó”, explica Alex el salvoconducto que les hizo abandonar esa jaula de oro, en parte estrés en parte abundancia.

Sacro anhelo ourensano

FotosEntrevista-AlexyCristina (9)
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“Llevamos tres años en España, y no nos echan porque nos encanta”, admiten con labia. “Por covid decidimos salir de Barcelona al campo”, explica Cristina. Gracias a un amigo con una bodega peroxana, se enamoraron de la zona, y del fruto de la uva que se produce en nuestro lado. “Estuvimos aquí casi un mes, yo ya conocía los vinos pero quería ver más”, explica Alex. Trabajando en remoto y con un coche de alquiler se peinaron Galicia entera. Cerraron los asuntos en la capital catalana, entre ellos, los estudios de cocina que allá cursaba Cristina, y cogieron carretera de forma definitiva.

En el relato de la decisión tomada, entra en juego la creatividad del artista, el don para diseñar la escena y crear la trama. “Estábamos seguro con una botella de vino abierta, y le propongo una idea loca a Cristina”, dice Alex. Casi podemos oír de su boca: corta secuencia a plano corto, cara de ella, mirada chispa. Cuenta Alex que le planteó al amigo bodeguero venir a trabajar de aprendiz gratis, “quiero ser tu sombra un año entero”, comenta. Y añade, “cuélgame el teléfono si crees que estoy chiflado”. ‘De balde con lo duro que es la viña’, pensaría él, “súbete a un avión mañana”, le dice, ‘cama tés’ para cuando vengas, y así cerraron el trato.

“Yo tengo estudios teóricos del WSET pero no es como estar en el campo”, puntualiza Alex, e informa sobre una reputada organización londinense que forma y gradúa en el área del vino.

“A nosotros nos gusta esto, el verde, la montaña, la lluvia, el frío, la neblina, los ríos…”, relata Cristina, que ahora trabaja en la cocina de un restaurante en A Peroxa, y reconoce que lo suyo con esta tierra fue un auténtico flechazo. Anda que no hay vinos en California, o en el Empurdà y la Costa Brava.

Está hoy la pareja sacando adelante Bodegas ‘Alebrije’, en Coles, en el pueblo de A Barra. El espacio pertenecía a un vinatero de la zona que hacía ‘viño da casa’. Según ellos, en esa liga hay tesoros que en más de una ocasión han probado. De los suyos enumeran las uvas autóctonas, “en tinto obviamente mencía, pero a mí me gustan las minoritarias como el brancellao, el merenzao, el caíño, y en blanco godello y dona branca”, aclara el sumiller. Sus viñedos son en su mayoría alquilados, y algunos cedidos “a cambio de un poco de vino y que ‘se los tenga curiosos’”, explica Alex en palabras ‘da terra’ el trueque aldeano.

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“Nuestro vino por el momento no está en la DO de Ribeira Sacra, es más vino de autor, de la tierra”, especifican. El rumbo que tome el proyecto, se irá delineando. “Es ‘de garda’ porque pasa por lo menos seis meses en barrica de roble francés usada”, ilustran sobre un término que aquí se usa, y que suena a crianza. “Vino de intervención mínima”, añade Alex, que se hace principalmente en la viña, cien por cien uva y casi cero aditivos.

Sus brebajes están en Nova, Ceibe, y en otros espacios comerciales, y ya exportan allende las fronteras gallegas en otras comunidades. “Nuestra idea es estar en el mercado local pero también exportar, porque creemos que los vinos gallegos son el futuro del sector en España, por el clima, terreno y estructura”, comenta y concluye Cristina, “en California casi no se conocen, y para nosotros sería un orgullo mostrarlos afuera”.

Morriña no puede ser su palabra en gallego aunque la conozcan porque no extrañan sus vidas pasadas. “Abaixo”, dice Cristina, poco antes de hablar de darle la espalda al estatus y otros valores latinoamericanos.

“¡Borrachos siempre, pero borrachos de vino!”, ríen a dúo acerca de su pasión y su modo de vida. “Estamos construyendo el sueño”, apunta Alex, que se siente feliz como jefe y empleado. Brindamos por ello, porque maduren las uvas, y se prodiguen los elixires que nacen en la Ribeira Sacra.

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