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Dos casas de planta baja, alejadas del ajetreo urbano y con unos inquilinos de incorporación reciente (dos meses). La Guardia Civil entró ayer en dos viviendas de Ourense, una en el número 10 de la calle Antolín Losada y otra en el 239 de la avenida de Buenos Aires, para realizar sendos registros en busca de los objetos que sus residentes habían presuntamente robado.
Comenzaron a las 7 de la mañana para evitar comunicaciones entre los implicados. Los vecinos de Rairo se despertaron sorprendidos, con un furgón y varias patrullas del Instituto Armado en la puerta de sus casas. No se esperaban, en absoluto, que los moradores de al lado pudiesen dedicarse a actividades ilícitas.
“Desde que llegaron daban mucha vida a esta zona. Ponían música a todas horas que nos alegraba, porque estamos muy aislados”, declaró un hombre que vive en la zona. Este residente constata que en una ocasión vieron cómo realizaban cargas y descargas, pero que no consideraron oportuno llamar a las autoridades: “Nos llamó la atención porque aparcaron una furgoneta en el medio de la carretera. Estuvieron horas metiendo y sacando cosas”, explica.
Mientras la Guardia Civil rebuscaba en la vivienda y en un alpendre contiguo, la madre del inquilino -supuestamente era uno, pero allí vivían multitud de personas- llegó a la redada. Cuando supo que podrían detener a su hijo, rompió a llorar, pidiendo a gritos “que le dejaran verlo”. Los agentes se mostraron imperturbables en un primer momento, pero acabaron cediendo a sus súplicas y la acompañaron hasta el interior de la vivienda para que pudiese abrazarlo.
Al poco llegaba la propietaria de la vivienda. Preocupada por cambiar la cerradura, se asomó a comprobar el estado en el que estaba el bajo. Lágrimas y desconsuelo. Al parecer, el alquilado sacó todos los muebles -que habían sido de su abuela- y los dejó a la intemperie, expuestos a las tormentas y lluvias de los últimos días. Uno de los sillones apareció junto a unos contenedores de basura, lleno de cortes.
Por otra parte, los vecinos de la avenida de Buenos Aires también estuvieron muy sorprendidos de ver detenida a una persona del barrio. “Le dimos ropa para su hija una vez y fueron muy amables y educados con nosotros. Nunca dieron problemas”, señala la moradora de al lado. Algunos se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo porque para entrar, los agentes habían estallado la puerta de entrada.
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