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Los avistamientos de garzas reales, patos y otras aves en los alrededores del río Barbaña se hacen cotidianos. Ante la pandemia, la fauna salvaje busca abrirse paso. Ángel Dorrío, representante de Amigos da Terra, recuerda que "sobre todo durante marzo y abril, las poblaciones de fauna salvaje intentaron recuperar sus hábitats naturales al no sentirse tan presionados por el ser humano". No obstante, esta situación no es nueva: "Ya antes del covid se había avistado a jabalíes caminando por la ciudad, incluso en el campus".
Serafín González, presidente de la Sociedade Galega de Historia Natural, destaca que "desde hace años, no es infrecuente encontrar garzas, patos y gallinetas en el Barbaña". Como defiende el experto, este acercamiento de la fauna tiene mucho que ver con la concienciación de la sociedad ourensana: "Incluso en medio de la ciudad, siempre que no se les moleste ni les hagan daño, las aves silvestres toleran la presencia humana e incluso llegan a comer de tu propia mano".
El agente forestal Xosé Santos, de Amigas das Árbores, añade que "durante o verán, é imposible atopar troitas no Barbaña pola contaminación e o escaso caudal. As chuvias permiten a súa aparición. Na tempada estival baixan augas fecais e pouco máis". Ante a situación do río, cualifica estas aparicións como "unha ilusión triste", e engade que "desde a altura do Paco Paz, o Barbaña é só unha canle artificial, sen flora de ribeira".
Santos explica así la aparición de fauna silvestre en la ciudad, como en el caso de las garzas: "Os animais, unha vez collen confianza, ocupan novos lugares. Durante o confinamento, zorros, xabarís, corzos e lobos acercáronse moito máis ás poboacións. E hai que recordar que aquí os okupas somos nós". Es la experiencia la que enseña a los animales la necesidad de temer: "Pasa igual coas persoas. Todos os nenos cando nacen son valentes, logo coa educación e os paus da vida acumulamos medo".
Desde la Sociedade Galega de Historia Natural tienen claro que "el Barbaña a su paso por Ourense no es un río sino un cauce transformado, porque se destruyeron sus orillas cuando no se tenía sensibilidad con el medio y ahora el coste de arreglar este error sería elevadísimo. Ante la necesidad de canalizar las aguas residuales, se optó por la vía más sencilla y más barata a corto plazo, actuando sobre el propio cauce del río, que es de dominio público".
El confinamiento también aumentó el hambre social por la naturaleza. González valora que "este contacto es positivo siempre que no dejemos residuos. Mucha gente tira incluso sus mascarillas en estos espacios, llenándolos de basura".
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