UNA VIDA DE COLECCIÓN (XVI)
Artistas y escritores cariñosos con José Manuel Valencia
UNA VIDA DE COLECCIÓN (XVI)
Durante varios años José Manuel Valencia aprovechó la proximidad cotidiana unas veces y ocasional otras, de todos aquellos hombres interesantes, con especial atención a artistas y escritores a los que admiraba, para solicitar de ellos un texto y, a ser posible, un dibujo dedicado a él.
La mayoría están hechos en hojas de cuaderno anillado que debía de ser lo más fácil de transportar en los años cincuenta y sesenta esperando el momento del encuentro con los personajes. El humor y la temática ourensana abundan en los 17 autógrafos conseguidos por Valencia, algunos de ellos verdaderamente deliciosos.
“La actitud del coleccionista es mas bien contemplativa y algo animista”
La colección fue donada por su autor, consciente del valor artístico, sentimental y local, dada la relevancia de los autores de la misma, al Museo Arqueológico Provincial, en donde se conserva acompañada de una ficha en la que se describe la pieza y se cataloga con todo detalle.
Sus hijos y los que lo trataron coinciden en definir a José Manuel Valencia como un hombre de gran curiosidad y ganas de saber, que valora y cultiva la amistad y con un gran respeto por los hombres que aportan a los demás conocimientos, arte y cultura. Nacido en 1922 en la calle de Santo Domingo en el seno de una familia numerosa y muy arraigada en la ciudad, José Manuel ejerció cargos públicos y como profesor de FP. Militante de Falange desde muy joven, junto con amigos como José Luis Varela y Segundo Alvarado, formaron un grupo que destacó por su interés por la cultura convirtiéndose en activos dinamizadores culturales de la ciudad. Colaboró en la prensa y la radio locales; la Hoja del Lunes y La Voz del Miño al tiempo que formó parte de la conocida y diversa “Tertulia del Hotel Parque”, inmortalizada y retratada por Conde Corbal, en la que, además de hablar, se jugaba al ajedrez. Miembros de esa tertulia son autores de parte de estos dibujos. Sus hijos guardan celosamente los versos en castellano y gallego con los que Valencia solicitaba a su amigo el doctor Basanta recetas para sus hijos. Una simpática manera de practicar su afición por la poesía.
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