El atropello al arte de carretera

Esculturas y murales languidecen al pie de carreteras comarcales. Son artistas reconocidos que un día plantearon alguna de sus piezas para lugares poco habituales, pero muy boga en la década de los ochenta del pasado siglo. Con su aportación, los promotores pretendían embellecer y dar un plus a esos lugares donde se actuaba.

Restos del mural proyectado en 1990 por Virxilio en Cachamuíña. JOSÉ PAZ
Restos del mural proyectado en 1990 por Virxilio en Cachamuíña. JOSÉ PAZ

Formaron parte del denominado 1% cultural con el que la administración requería obras a los artistas cada vez que se construía una carretera, un centro de salud o un instituto. Eso fue hace muchos años. De hecho, la institución promotora de muchas de ellas, la Consellería de Política Territorial, COTOP, no responde a la nomenclatura de entonces. “Aquel 1% despareció hace años, pasando esa promoción artística a manos del Xacobeo”, cuenta Ignacio Basallo, uno de los artistas que tienen obra expuesta a la intemperie de aquellas promociones.

Acisclo Manzano, Fernando Blanco, Luis Borrajo, Torres Cidre, Xurxo Oro Claro y Virxilio son otros ejemplos de artistas ourensanos, en su momento, elegidos para instalar sus piezas en la vía pública provincial. Muchas de ellas –con el paso del tiempo- se han deteriorado al extremo; las hay que han desaparecido; otras fueron –a posteriori- cambiadas de lugar, lo que para un artista que las concibió para un espacio determinado es un sinsentido.

LA ROTONDA QUE NO FUE

Ignacio Basallo construyó una escultura en hierro destinada a una rotonda de la carretera N-540, en el límite entre Ourense y Barbadás. “La escultura estaba proyectada sobre tres tubos que la elevaran y no impidieran la visibilidad a los conductores mientras circulaban”. Al final, la obra no acabó en el lugar pretendido de inicio, sino en un jardín a la entrada de A Valenzá, junto a una manzana de casas y unos árboles que le doblan en tamaño. Oxidada y descontextualizada, decir que la pieza hoy pasa desapercibida es decir poco. Sus soportes elevados la han convertido en un extraño elemento. “En alguna ocasión –apunta el artista- hasta la han usado de sujeción de los banderines de fiesta”.

LOS MURALES DE VIRXILIO

Uno de los casos más dolorosos, también el más llamativo por el deterioro, es el acontecido con el pintor Virxilio, quien para la misma institución –COTOP- proyectó en 1990 sus dibujos sobre unos murales para dos áreas recreativas, una en la OU-536, a la altura del embalse de Cachamuíña (Pereiro de Aguiar); la otra, en la OU-540, junto a la capilla de Gontán, en Verea.

La sensación hoy, al pasar por sendas áreas, es desangelada. También es cierto que llevan muchos años así, exhibiendo impertérrita esta imagen de destrozo. En ambas, Virxilio representó algunos de sus icónicos rostros de mujer campesina, amparadas en la tradición, y la fertilidad del campo en tiempos de cosecha junto a un surtido de flores y motivos vegetales, dibujos de síntesis en colores planos que tan bien dominaba.

La fragilidad del material utilizado, unos azulejos cerámicos en fondo blanco sin ningún tipo de protección, sobre los que dibujó las coloristas escenas, las convirtieron en víctimas fáciles, en lugares, sobre todo el de Verea, apartado, y distante del núcleo.

Aun así, entre bancos de piedra, una fuente que no surte nada, la capilla y un sepulcro antropomórfico, destacan los siete murales –el central de mayor tamaño- erigidos sobre ladrillo revestido de cachotes de piedra. Todos ellos están unidos por un perpiaño para poder sentarse. Dos no tienen ya ningún azulejo y los restantes, tan sólo fragmentos, en los que no es fácil recrear el contenido. El entorno natural, un bosque de robles, hacen del entorno un lugar recogido y bello.

En Cachamuíña, el área, en el margen derecho que enlaza con Monterrei, todo es más confuso. Sin apenas espacio, y con una vegetación descuidada, sobre el mural proyectado -de una pieza-, aunque fragmentado y muy deteriorado, se perciben bien los tres rostros femeninos de la misma tipología iconográfica que en Verea, pero en un rabioso primer plano.

La lista es amplia, desde institutos de secundaria, a centros de salud, o vías comarcales, no hay catálogo ni inventario que las recoja, y menos, quien las adecente, más allá de las necesarias labores de limpieza que a veces pasan por un desbroce del terreno. En vida, Virxilio dijo estar dispuesto a restaurar sus piezas; nadie recogió el guante. Ahí siguen.

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