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La Cabalgata de Reyes regresó a la ciudad tras un año de parón, y los niños lo agradecieron. Sus ojos brillaban de ilusión. Acompañados por sus familias, se agolparon a lo largo del recorrido en su intento de acaparar la atención de los Reyes Magos o, al menos, un buen puñado de caramelos sin gluten.
El trayecto real se inició en la estación intermodal de A Ponte, a donde llegaron en AVE desde Oriente, y finalizó junto al Jardín del Posío. Las calles estaban llenas (y no había un rostro sin mascarilla). Ante la inminente llegada de las carrozas, uno podía ver niños corriendo a máxima velocidad perseguidos por sus padres.
Presidió la comitiva un autobús turístico a ritmo de rock and roll, que anunció la cercanía de los Reyes Magos (aún no se podía apreciar su presencia en el horizonte) con la banda tocando “The Final Countwown”, tema de Europe casi tan antiguo como la Navidad. El disco que lo contiene salió en mayo del 86. “A los más pequeños les gusta muchísimo el rock and roll”… y “a los Reyes también”, aseguró el “frontman”.
En cuanto se acercaron los Reyes al inicio de la rúa do Progreso, sonaron algunos motivos más orientales, pero duraron poco. Unos segundos después, los ritmos ya evocaban más bien a Ibiza. Entonces la Mekanika Rolling Band tomó la calle con un energético show al que no le faltó ni el fuego. Y, debido a la incidencia del covid, no había apenas representantes de anteriores generaciones que pudieran arquear la ceja y contrariarse ante sus sonidos no tan navideños. “A rúa é nosa, resiste e loita”, llegaron a cantar, reivindicativos, a su paso por la rúa do Progreso. Lo cierto es que mantenían la expectación del público a pesar del lento avance de las carrozas. En cuanto sacaron los saxofones, la fiesta se descontroló de veras y aparecieron las bicicletas gigantes y una larga sucesión de seres fantásticos, buena parte de ellos de tres metros de altura.
Entonces llegó el momento de los anhelados caramelos. Y los más pequeños de la casa agudizaron sus sentidos para rescatar los máximos posibles. Si les acompañaban hermanos o primos, competían con o contra ellos. Tres segundos: esto es lo máximo que duraba un caramelo en el suelo. Los bomberos se encargaron de tirar los primeros. Entre su fuerza y lo estrecho de la acera de Progreso, no tuvieron problema para alcanzar las últimas filas. Entonces hicieron aparición sus Majestades al orden que marca la tradición, Melchor, Gaspar y Baltasar, y pidieron a los niños que se fueran a dormir temprano. Más allá de los monstruos que pasaban, con osos gigantes que daban zarpazos suaves, lo que más asustaba a los pequeños era cuando los Reyes, al pasar, preguntaban qué tal se habían portado en 2021. Incluso Jácome, que pasaba por allí, se agazapó al escucharlo.
Los dueños de establecimientos salían para grabar el paso de las carrozas. Y, gracias a la magia de la Navidad, ni siquiera las trabajadoras de Sanitas Dental temieron a las caries, y cogieron un puñado de dulces.
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