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FRONTERA CON NIGERIA
La creciente tensión en el norte de Nigeria, en la frontera con el vecino Camerún, junto al secuestro, hace un mes, de casi 200 niñas y jóvenes por el grupo islamista radical Boko-Haram, mantiene en vilo la seguridad del misionero ourensano Luis Cachaldora Gago. El sacerdote de A Ponte, miembro de la congregación de los Espiritanos, reside al norte del país, aunque cerca de Yaoundé, capital de Camerún, la segunda mayor ciudad del país. Pero el secuestro, en abril, de tres compañeros misioneros y el de las niñas, al que se sumó estos días otro rapto de 11 jóvenes, hace temer por su libertad, aunque él pretende seguir ejerciendo su labor en el país africano; eso sí, "con miedo, aunque no es pánico todavía", según expresaba a La Región.
Cachaldora dirige una misión en Camerún junto a otro sacerdote, el pamplonés Juan Antonio Ayanz, y va a continuar en el lugar durante al menos "unas semanas más", pese a la insistencia de la Embajada de España en Camerún y del Obispado de la Diócesis de Yaoundé para que se traslade a otros territorios más seguros del país. También la orden religiosa a la que pertenece le ofreció otras misiones menos conflictivas, pero Cachaldora lo tiene claro, seguirá ejerciendo su labor de ayuda al pueblo camerunés, aunque la inseguridad es absoluta y el futuro de los tres misioneros secuestrados, una religiosa canadiense y dos italianos, está en el aire, tanto que no hay noticias fidedignas al respecto: "Seguimos sin saber nada de ellos, todo son conjeturas y rumores, se ha llegado a decir que la monja había sido asesinada, pero no se confirmó ese extremo", manifestaba ayer a este diario.
Luis Cachaldora Gago está más inquieto por sus padres: "Son mayores, con problemas de corazón, y están muy preocupados". Pero él, dice, los llama periódicamente para tranquilizarlos.
Cachaldora dice que la Policía sigue durmiendo armada "a los pies de mi puerta". Y toda precaución es poca, porque "los terroristas tienen contactos en toda la Diócesis y, a la mínima que nos despistemos, podemos ser su presa". Su intención, reiteraba, es, en el caso de los misioneros, secuestrar a personas de raza blanca, para pedir un rescate y con el dinero, adquirir armas para sus atentados.
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