Cachii, una vida en la piel
Carlos Rodríguez, más conocido como Cachii Tattoo, es un tatuador venezolano que trabaja por todo el mundo. Ahora lo hace desde Ourense: tras un largo viaje desde su país, echa raíces en la ciudad y abre mañana su primer estudio en solitario.
Cada vez que Carlos Rodríguez (Caracas, Venezuela, 1995) -más conocido como Cachii-, camina por el Puente Romano para llegar a su trabajo, se enamora más de Ourense. De hecho, si tiene que elegir qué le gusta más de la ciudad, lo tiene claro: el río. A partir de mañana no tendrá que cruzar al barrio pontino solo para currar porque, después de tres años instalado en As Burgas, este tatuador venezolano de 27 años logra emprender con su propio estudio en el número 2 de la rúa San Miguel. Tras años de esfuerzo en una ciudad que respira mucho el mundo del tatuaje, ya tiene una cartera de clientes fieles que le permiten cumplir el sueño de abrir su propio negocio en solitario. El camino desde Venezuela, como el de tantos compatriotas que eligen Ourense, no fue nada fácil. Cachii Tattoo Estudio es el principio de una etapa para este joven, que no deja de trabajar por todo el planeta gracias a los que le confían su piel. Viaja por todo el mundo para tatuar (Venezuela, Colombia, México, Bélgica, Suiza, Alemania…), pero las raíces ha decidido echarlas en Ourense.
En el número 2 de la rúa San Miguel, una clienta leal se presta a hacer de modelo para el reportaje. Cris. Es la quinta sesión de su proyecto, un brazo lleno de tinta con los recuerdos que más la han marcado. “Estoy haciendo una representación de lo que es parte de su vida. Yo disfruto todo el proceso, pero sobre todo el significado para la persona que se lo hace. Es importante para mí saber que lo que estoy haciendo es importante para el cliente”, dice Cachii. El realismo en sombra, el estilo preferente del tatuador, ocupa el cuerpo de Cris con piezas como rostros, una barca, unas manos y una niña columpiándose. “Estoy súper contentísima con el tatuaje”, muestra orgullosa la joven. En Instagram, donde suele compartir Cachii sus trabajos y gestionar las citas, ya tiene unos cuantos likes.
Antes de levantar la persiana de Cachii Tattoo Estudio, trabajó en otro local en A Ponte, con varios artistas. Allí le dieron su primera oportunidad en Ourense, a donde llegó tras un largo periplo. “En Venezuela tenía trabajo, pero lo peor es la inseguridad. ¿Qué más da si tienes dinero pero sales a la calle y no puedes estar seguro?”, cuenta Cachii. En su tierra estudió Diseño Gráfico, aunque siempre quiso ser arquitecto. Nunca pasó. “Descubrí el tatuaje por un vecino que tatuaba increíble. En Venezuela hacían exposiciones e iba a verlo. Cuando me decidí a ser tatuador, mi mamá me dijo: ‘Sí, pero primero termina la carrera”. La madre falleció cuando Cachii iba por la mitad de la carrera y decidió cumplirle la promesa. Acabó Diseño Gráfico y luego se hizo tatuador. Lo primero que se tatuó, asimismo, fue la corona de tres puntos de Basquiat, su pintor favorito. No tardaron en aparecerle voluntarios. Sus amigos, como es habitual, fueron los primeros en pincharse. “El tatuaje es más que un dibujo sobre la piel, es una expresión en el cuerpo, un proceso cultural, una manifestación y una máquina del tiempo”, reflexiona Cachii, que se compró su primera máquina de tatuar con apenas 19 años y empezó a buscarse la vida en Venezuela.
“Por la situación de mi país le dije a mi papá que me iba a Bogotá (Colombia), de donde es él. Allí estuve un año y medio trabajando y luego me fui a México. Y allí me empezaron a extorsionar, a pedirme dinero por trabajar. ¡Me voy de Venezuela porque había inseguridad y en México resulta que es más de lo mismo!”.
La siguiente parada ya fue España, en Madrid, donde residía su hermano. Hasta el año de la pandemia tatuó en la capital, pero le hablaron de Ourense unos amigos tatuadores y apostó por un cambio de aires. “Desde el primer momento me encantó. Estaba agobiado de las grandes ciudades, quería algo más tranquilo. Y me recibieron muy bien. Es increíble la ciudad, pasar por el río todos los días… Cuando llegas de sitios muy grandes, donde todo es más apurado, lo valoras”.
Después de tres años en la ciudad, todos reconocen a Cachii y su mítico logo, una “C” que antes decoraba llaveros, camisetas y pegatinas. Ahora, su marca luce en grande en su primer estudio de tatuajes, en el centro de la ciudad, como él quería. “Para mí esto no es un tope. Me encantaría expandirme también por Galicia y por el mundo, compartir con otros artistas”. Ourense ya es su casa.
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