José Manuel Tabarés: "Cuando era niño, no se podía hablar de política ni de represión en casa"

Entrevista

Pediatra jubilado y escritor, acude al niño de su infancia con su autobiografía “Memorias de un niño del Puente”

Tabarés posa en su domicilio con uno de los ejemplares de su obra. (MIGUEL ÁNGEL)
Tabarés posa en su domicilio con uno de los ejemplares de su obra. (MIGUEL ÁNGEL)

Como recompensa después de 42 años en el oficio, José Manuel Tabarés Lezcano lleva siete años jubilado de su profesión, la pediatría. Además, formó parte de la treintena de médicos retirados que regresaron de forma voluntaria al trabajo durante los peores momentos de la pandemia para atender telefónicamente a posibles contagiados de coronavirus. Y ahora acude al niño de su infancia con su autobiografía “Memorias de un niño del Puente”, adornada con antiguas fotografías familiares, que redactó durante el confinamiento y ya está en manos de su círculo más cercano. Tabarés escribe los topónimos en castellano, ya que en su recuerdo aparecen en este idioma.

¿Cómo nació esta obra?

Ha cambiado tanto la perspectiva de la vida… Con mis nietos, me di cuenta de que alguien tenía que contarles cómo se vivía hace 50 años, sin televisión ni un móvil. Escribí el librito de una tacada, durante el confinamiento. Las memorias finalizan cuando dejé de ser un niño de forma abrupta, al fallecer de forma súbita una hermana mía. Aquí se me acabó el mundo de felicidad de la infancia, y me enfrenté a la realidad.

¿Considera que la anexión de Ponte Canedo y Ourense fue justa para ambas partes?

Esta unión se impuso de forma política después de la guerra, con el objetivo de hacer crecer a la capital de provincia y a cambio de ciertas prebendas. Pero la gente de El Puente no lo aceptó de buen grado. Mi padre, en las cartas, seguía escribiendo Ponte Canedo años después de la anexión. Pero durante toda mi infancia no se habló de política, ni de represión, ni de muertos. Eran temas tabú. No se empezó a discutir sobre lo que había pasado en la guerra hasta el 69.

En la obra, explica que se referían a la cuidadora como “chacha” y que por aquel entonces era una expresión cariñosa.

Yo tenía adoración por la niñera que me criaba. Era parte de la familia y vivía con nosotros en la casa, en una habitación propia. Lamentablemente, murió de una hemorragia nasal.

En sus memorias recoge varios momentos de insconsciencia infantil, como caminar y tirar piedras sobre un río Miño helado…

Fue una infancia de riesgos. No había tanta vigilancia y los niños éramos bastante libres. Salíamos de casa por la mañana, volvíamos para comer, escapábamos de nuevo hasta la noche… Y sí, los inviernos eran extremadamente fríos y se congelaba la orilla del río.

En su obra, incluye una curiosa reivindicación gastronómica de los caracoles.

Aquí en Galicia la gente se gasta dinero en eliminarlos, cuando en otros lugares, como el País Vasco, se comen con mucho gusto. Yo mismo, cuando me los encuentro, los recojo y los cocino.

Y explica que, en los últimos años, dejó de ser un “culé” apasionado….

Me pasó a mí y también a mucha gente con el “Més que un club” y el “Catalonia is not Spain”. Y me pasé a lo opuesto, que es el Real Madrid, con gran dolor de mi corazón. n

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