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Temblando y cerrados perimetralmente, así de distópica se encuentra estos días la localidad de Laza. Ayer, su alcalde, José Ramón Barreal, señaló durante un acto en Verín que “aínda que os temblores son pequenos, isto non é moi habitual”. Sin embargo, recuerda casos semejantes en años anteriores y explica que “hai unha faia que cruza a zona que tivo que considerarse cando se realizaron as obras do AVE, houbo que pensar nunha adaptación para movementos sísmicos”.
También se acordó de sus conciudadanos: “Hai moita xente que está soa nas aldeas pero no rural vivimos doutra maneira os problemas da terra, pasan cousas coma esta e sempre hai mais preocupación fóra que no propio entorno”. Celebra que “non houbo danos materiais nin personais e ante o movemento sísimico transmitirmos tranquilidade”.
Entre los vecinos, diversidad de opiniones. Hay quienes temen cada vez que notan los efectos de un terremoto y hay quien no se percata o no da relevancia al enjambre de temblores. Una vecina que paseaba ayer por el centro de la villa asegura estar asustada: “Estou un pouco atemorizada, danme calafríos cando ocorren. Se me moveu a cama e collín medo”, expresa. Su acompañante, por otra parte, afirma no tener miedo: “Eu non teño medo, non son moi grandes”; ella le responde: “Pero asustan igual porque son moitos seguidos”.
Rebeca Domínguez, también habitante de la zona de mayor incidencia sísmica, señala que “é algo habitual aquí”, por lo que en su caso “nin me vai nin me ven, son moi pequenos, non hai medo, case coma se fosen parte do día a día”, opina.
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