Enrique Martí Maqueda: “Tenía contados los kikis de la película, el más tímido del rodaje era yo”
Entrevista a Enrique Martí Maqueda, director de la película “Me siento extraña”, de 1977, restaurada ahora en versión 4K
Enrique Martí Maqueda (Madrid, 1935) conduce a sus 88 años el programa de Telemiño “Leer es un placer”. Lleva encima un libro de Ramón Tamames. “Aunque es comunista…”, se ríe. El motivo de la entrevista no es el fomento de la lectura: en su otra vida, Maqueda asistió al despertar de la televisión en España. Fue realizador de varios programas y en 1977 dirigió y coguionizó la película “Me siento extraña”, considerada la primera cinta española en relatar abiertamente una relación lésbica. Bárbara Rey y Rocío Dúrcal protagonizaban la historia, que ahora se recupera -en versión 4k- en la plataforma FlixOlé, dentro de un especial para celebrar el Orgullo LGTBIQ+. Maqueda conserva el guion, pero no tiene ni una copia de la cinta. De su restauración se enteró ayer a través de una de sus hijas.
¿Qué le parece que se considere una película de culto?
De coña, no sé ni qué quiere decir. La historia de la película es divertidísima. Me dicen: “Se ha muerto Franco hace seis meses y queremos dar una imagen de la televisión española diferente”. Si se decía que “con Fraga, hasta la braga”, ¿ahora qué? A enseñar un poquito más.
¿Y qué se le ocurrió?
En el programa “Palmarés” le hice una presentación a Bárbara Rey como no le han hecho a nadie. De estrella. Quise lanzar a una señora muy sexy, de una España nueva. Y lo conseguí. Pero ella me salió rana, se me lio con el rey. El mánager, Paco Ostos, me dice: “Oye, que se ha liado con el rey”. Y me dice también: “Oye, y le he dicho a la prensa que tú estás liado con Bárbara”. ¡No me jodas! Yo le tenía echado el ojo a una bailarina en el programa de la Carrá. Esa sería mi tercera mujer. Yo con Bárbara Rey trabajé sin ningún problema. Ahora hizo unas declaraciones de que yo la llevé al control de televisión y le intenté meter mano y le hice daño en un pecho y me dio una bofetada.
¿Y es mentira?
Cualquiera que sepa cómo es un control de televisión lo sabe. Es mentira absolutamente. Ella estaba liada con un promotor de viviendas de Alcalá de Henares. Teníamos una relación fantástica. A la cuarta semana del programa me dicen: “Esta se está cepillando al rey en la carretera del Pardo”. Un día estoy yo en el control, suena el teléfono y digo: “Sí, ¿dígame?”. Y sale una voz inconfundible del rey de España preguntando por Marita.
¿Le cogió el teléfono al emérito?
Sí. Me dice (imita la voz engolada del emérito): “No, no. No hace falta que la llame”. Y yo para joderle le digo (vuelve a imitarlo): “Señor, ¿quiere usted alguna cosa más, señor?”. Que es como se le trataba al rey, de señor.
Hablemos de la cinta. ¿Cómo junta a Rey y Dúrcal?
La película es mucho más divertida. Al terminar “Palmarés”, el Ostos me llama y me dice (imita el acento andaluz): “Hay un tío que quiere hacer una película contigo, con Bárbara Rey y con Mary Francis”. Mary Francis se había casado y no iba a tragar el marido, porque yo había estado con ella. Efectivamente, hubo que buscar a otra. A los 10 días estaba la Dúrcal. Pero la idea que a mí me vendieron era hacer una película.
¿Lo del destape no se lo mencionaron?
Con tal de que salieran ligeritas de ropa... era lo que quería el productor. La idea que aporté era que los homosexuales no son malos, que tienen una sexualidad diferente.
¿Fue una cinta pionera?
Sí. Era una historia normal, una chica casada de familia conservadora. No aguantaba al marido. Tenía otra amiga que le contaba sus penas y esta le busca a Bárbara Rey, que era una señorita que cantaba en un night club y estaba pasada de sexo y guarrerías. Vivía en un pueblo. El título lo inventé sobre la marcha, en una escena con una cama dorada. En la película están todos los tópicos.
¿Hoy se podría hacer?
Sí, pero acorde a la sociedad.
¿Qué cambiaría?
Quitaría muchas cosas que tuve que poner porque el productor lo que quería era que hubiera sexo. Hay una secuencia que me da vergüenza, me salió muy mal. Cuando se reúnen muchos y hacen sexo común… ¿cómo se llama?
¿Una orgía?
¡Eso! Es horrorosa. Yo quería que hubiera una gorda porque había visto una película de Fellini que salía una gorda. Yo dije: “Quiero una gorda”. Pero me trajeron una gorda española, hortera, horrorosa. Y luego hay una masturbación del tonto del pueblo, que no se le ve más que mueve el brazo y se supone que se la está cascando. Esas las cambiaría. Tenía contados los kikis de la película. Al momento de rodar el polvo me encontré con que el más tímido del rodaje era yo. ¿Cómo le dices a un tío: “Tienes que cepillarte a tu mujer”? Me di cuenta que había que hacer la digestión y mandar lo que tenían que hacer. Tuve un problema en una escena, me encuentro que la Dúrcal tiene los pechos rotos por haber dado de mamar a sus hijos. Y dije: “A ver cómo se me ocurre que hagan el coito sin que se le vean los pechos”. Y de repente, dije: “Tú tumbada y ella encima”. Y me doy cuenta que estoy haciendo la imagen de un crucifijo, pero así no se le vieron los pechos. Hay que vivirlo para verlo. El operador sentado mirando, yo creo que cachondo. El segundo operador era hermano de Carmen Sevilla. Se han muerto casi todos. Yo era como Matías Prats, casi retransmitiendo: “Ahora, ¡tú muévete! Y tú, ¡culea, culea!”.
¿Estaban todos cachondos y usted era el único profesional?
Era como Matías Prats. La escena del acto de amor de las dos me quedó romántica. Me siento orgulloso de la línea de reconocer que el amor entre dos mujeres es posible. Hay una escena de Marlon Brando que saca un paquete de mantequilla y se la ponía en el mismo chiribito para hacer el acto. Yo como no tenía mantequilla, Bárbara Rey se ponía maquillaje y echaba un polvo con el bailarín. Había escenas que sobraban, hoy en día se reiría la gente.
¿Con quién deseó trabajar?
He trabajado con la gente más importante de España, tuve suerte. Con Sara Montiel tengo una anécdota brutal. Me dice: “Yo me pongo medias y ligueros y canto una canción en una cama dorada como la que le pusiste a Bárbara”.
¿Y qué hizo?
La contraté y me descojoné de risa.
¿Qué sería de este país sin las folclóricas?
España es un país de países.
¿Alguna anécdota con hombres?
Quise hacer “El hombre del gas” con Caparrós.
El argumento parece sencillo.
El hombre del gas subía a los pisos bombonas y se cepillaba a muchas mujeres.
¿No salió adelante?
No, se torció.
También conoció a Cantinflas.
Hizo una película y me invitó a México. En una comida en su casa empezaron a hablar de Franco. Y me dice (imita el acento mexicano): “Bueno, ¿y tú qué piensas de lo que estamos diciendo?”. Y le dije: “Si yo os invito a mi casa en España no voy a criticar a vuestro país”.
¿Lo dejó planchado?
Sí, y entonces empezaron a hablar de la conquista española y ya me tocaron los cojones.
¿Cantinflas le tocó los cojones?
Sí, aunque más los otros.
¿Cuál fue su etapa profesional más divertida?
Hago todas las etapas divertidas, la vida se puede contar de tú o de usted.
¿Qué le parece que restauren la cinta con motivo del Orgullo LGTBIQ+?
Para mí el hecho de que un colectivo tan numeroso le rinda culto a la película, íntimamente me lo rinden a mí.
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