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Si se encuesta a aquellos que piden en la calle, la mayor parte concuerda en que “tienen mala imagen”. Señalan que habitualmente son vistos como drogodependientes que piden para consumir. Levi, desde la calle Ervedelo indica que “me conocen y saben que pido para comer. A veces nos vemos perjudicados por el prejuicio”, afirma. Desde un supermercado de A Ponte, Zulema también pide limosna y apunta a que sufre el mismo prejuicio: “Las señoras son muy amables, me conocen y saben que pido dinero para comer y no para otras cosas”, explica.
Zulema reflexiona sobre la práctica de pedir. Según su perspectiva, hay diferentes perfiles entre los ciudadanos que piden en la calle: “Hay gente que pide para drogas, pero no somos todos iguales, cuando nos conocen y nos ven todos los días saben que no lo hacemos por vicio. Las señoras son muy listas, saben distinguirnos”. Sobre este asunto, José es claro y añade que “por unos pagamos todos”.
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