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HEMEROTECA
Los principales acontecimientos ocurridos tal día como hoy en Ourense, con la hemeroteca del periódico La Región.
En un ambiente más bien informativo que polémico o aportador de ideas nuevas, se desarrolló la primera de las mesas redondas de las dos que están previstas en las “III Xornadas do Cine en Ourense”. La mesa estuvo formada por Perfecto C. Muruais, director-editor de la Enciclopedia Gallega; Gaciño, periodista; Pousa, periodista; Banet, profesional de cine y Carlos Varela.
El señor Varela expuso el anteproyecto elaborado durante las jornadas, en relación con la creación de una futura distribuidora-productora que permita la existencia y continuidad de un cine gallego, principal objetivo de las jornadas que se vienen celebrando.
Banet planteó qué tipo de cine gallego se necesita hacer y si tiene que ser un cine comercial o no, reclamando una urgente profesionalización de los grupos que hagan cine. Perfecto C. Muruais llamó la atención sobre la ausencia en las jornadas de los grupos de teatro gallegos, que podrían hacer una aportación interesante con su conocimiento de las respuestas del público y su conocimiento sociológico del mismo.
Las posibilidades económicas de realización de los proyectos se manifestó como el tema más candente y difícil de resolver, planteándose la creación de una cooperativa, la formación de una sociedad anónima o la recaudación de un millón de pesetas aportado por mil gallegos a mil pesetas cada uno.
La mesa terminó con una información por parte de Carlos Varela de lo realizado hasta ahora por las jornadas: una película en 35 mm., dos en 16 y la próxima elección de una Junta Rectora.
(1975)
Ramón Luis Acuña es un periodista orensano en trayectoria ascendente en su continuo batallar profesional. Apenas ha trabajado en Orense, donde su padre don Luis Acuña ha formado durante muchos años a las jóvenes generaciones estudiantiles. Tras iniciar su carrera en La Región, donde fue miembro de la Delegación de nuestra Edición Aérea en París, fue director de El Correo Gallego de Santiago durante dos años y enviado especial de Blanco y Negro antes de incorporarse a la Agencia Efe, de la que fue corresponsal en París y desde hace año y medio delegado en Nueva York. Ahora pasa estos días navideños con su familia en Orense.
-De aquí -me dice- saldré para Madrid y Londres, como delegado de Efe en la capital inglesa.
-¿Qué misiones consideras más importantes de tu estancia en Nueva York?
-Quizás, por la repercusión que tuvieron, las entrevistas que hice a los ministros de Asuntos Exteriores de Marruecos y Mauritania, y el haber tenido ocasión de entrevistar en la ONU a casi todos los ministros de Asuntos Exteriores hispanoamericanos. Después hubo grandes acontecimientos, como la caída de Nixon, que seguí desde el primer momento, y el golpe de Estado portugués, ya que estuve en Lisboa inmediatamente después de producirse, así como las elecciones presidenciales en Francia.
-¿Es fácil equivocarse al interpretar los acontecimientos desde la ONU?
-La ONU es como una caja de resonancia en la que repercute todo lo importante que ocurre en el mundo. Tiene su vida propia, distinta de la de Nueva York, con una gran actividad diplomática.
-¿Viven bien en Nueva York nuestros compatriotas?
-Sí, sobre todo la colonia gallega, en la que abundan los industriales y los camareros, habitando una gran mayoría en el distrito de Newark, que ellos llaman jocosamente “Nuarca”. Y hay muchos orensanos. Un día fui a comer a un restaurante llamado “O Lar”. Vino el maitre, y en correcto inglés me preguntó qué deseaba. Yo lo miro, lo reconozco y le digo: “¿Xa se lle olvidou o galego?”. Me mira a su vez y me dice: “O fillo de don Luis!”. Era un orensano, ex alumno de mi padre, llamado Servando Cid, de 29 años, que se hizo ingeniero químico en Barcleona, revalidando su título en Estados Unidos, y dueño del restaurante.
-Que no es poco.
Crónica de F. Álvarez Alonso (1975)
Lo sucedido en el Cine Avenida fue el éxito que esperábamos de este pianista orensano, al que estamos unidos por lazos de tan cordial afecto que su triunfo es una de las alegrías más grandes que hayamos podido gozar a lo largo de toda la temporada musical de nuestra ciudad.
Dividió Antonio Iglesias su concierto en tres partes. Una primera con Scarlatti y Beethoven en una exhibición magnífica de facultades.
Una segunda en la que oímos por primera vez el “Preludio en do sostenido menor” de George Gershwin, una importación sin duda de su reciente viaje por Estados Unidos; y también por primera vez en Orense esa maravilla de Debussy que es “El rincón de los niños”. Un descubrimiento, el de las obras y el del dominio de Antonio Iglesias, dueño absoluto ya del piano, estableciéndose esa corriente recíproca del escenario a la sala y de la sala al escenario que constituye la característica del logro completo de un concertista.
Por último, la policromía de la tercera parte, con música española y una incrustación de Liszt.
Al final el público quería agradecer al artista orensano su bello gesto de tocar desinteresadamente para contribuir de esta manera a la recaudación que el gobernador civil lleva a cabo con destino a los humildes, a los necesitados. Y Antonio Iglesias tuvo un gesto de caridad para los que tienen hambre de pan, conjugado con otro gesto de caridad para los que tenemos sed de música. De esta manera satisfizo dos finalidades nobilísimas, por las que, sin regateos, le expresamos la gratitud de todos.
Crónica de Guede (1950)
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